Puebla, cuna de cúpulas barrocas y volcanes imponentes, también figuró en un mapa mucho menos turístico: el de las organizaciones criminales transnacionales más peligrosas del continente, reveló la más reciente Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025 (NDTA) publicada por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), por sus siglas en inglés.
Puebla, aunque no es el epicentro de estas organizaciones, tampoco es ajena. Según un mapa de calor presentado por la DEA, en territorio poblano operan al menos dos de las organizaciones más poderosas de narcotráfico a nivel global: el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El primero, con un largo historial de control y exportación de estupefacientes hacia Estados Unidos, mantiene una presencia fuerte en la zona norte del país, principalmente en la frontera, así como en el sur, debido a que se trata de zonas estratégicas para el trasiego de drogas.
El segundo, el CJNG, también en expansión, fue clasificado con una presencia significativa en la zona centro del país, incluyendo a Puebla y otras 16 entidades.
La DEA señaló en su informe que el CJNG no solo tiene presencia activa en México, sino que ha consolidado redes en más de 40 países, convirtiéndose en una auténtica multinacional del crimen.
En el mapa nacional, su dominio se concentra especialmente en el centro y sur del país y Puebla aparece como una de sus bases logísticas para el movimiento de drogas sintéticas como el fentanilo y la metanfetamina.
Estados Unidos clasificó tanto al CJNG como al Cártel de Sinaloa como «una de las amenazas más importantes para la salud pública, la seguridad pública y la seguridad nacional».
A pesar de estos datos, Puebla no aparece entre los estados con mayor actividad criminal, como lo son varios del norte del país —Baja California, Sonora, Chihuahua y Coahuila, por ejemplo— donde el Cártel de Sinaloa opera con mucha más fuerza.
El CJNG, por el contrario, de acuerdo con el reporte, ha evolucionado hasta convertirse en uno de los grupos criminales más poderosos y temidos del continente.
Su fórmula: una estructura de franquicias que le permite operar como una red flexible, el uso implacable del terror como arma de control territorial, una maquinaria financiera bien planificada a través de “Los Cuinis” y una capacidad casi quirúrgica para corromper autoridades en múltiples niveles.
Pero su ambición no termina en las drogas, como explica el reporte. Si bien son uno de los mayores productores y exportadores de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia el norte, también han diversificado sus fuentes de ingresos: robo de gasolina, extorsión, fraude inmobiliario y control del tráfico de personas, figuran ya en su portafolio criminal.
Este grupo, según la DEA, podría estar a punto de cambiar el equilibrio de poder en el narco mexicano, pues estaría buscando aliarse con «Los Chapitos», la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán, en contra de «Los Mayos», seguidores del veterano Ismael «El Mayo» Zambada.
Esta posible alianza —una convergencia entre viejos rivales— tendría consecuencias devastadoras. Juntos, CJNG y Los Chapitos tendrían acceso ampliado a rutas, armas, dinero y protección política. El flujo de drogas hacia Estados Unidos, según el reporte, podría intensificarse, así como el tráfico ilegal de armas hacia México.

A pesar de la operación del Cártel de Sinaloa y del CJNG en Puebla, la entidad se encuentra aún lejos de ser principal bastión de grupos criminales: el Cártel del Golfo, la familia Michoacana y el Cártel del Noreste, en el informe aparecen señaladas como presencia en algunos estados de manera focalizada, mientras que en la entidad poblana no son mencionadas por tener algún tipo de operación.
