Con más de 180 años de historia, la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa volvió a conmover a miles este 18 de abril, en una jornada marcada por la fe, la tradición y el compromiso comunitario.
A partir de las primeras horas del día, miles de personas acudieron al centro de la alcaldía para ser testigos de la escenificación bíblica, considerada una de las más emblemáticas de México y reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La edición número 182 del Viacrucis transformó las calles de los ocho barrios tradicionales de Iztapalapa en un gran escenario al aire libre. Desde la Macroplaza de la alcaldía, comenzó el relato escénico con pasajes como el Segundo Concilio en la Casa de Caifás, seguido por la presentación de Jesús ante Poncio Pilato y Herodes, los azotes, la condena a muerte y la crucifixión en el Cerro de la Estrella.
El actor Julio Olivares, quien interpretó a Jesús de Nazareth por segundo año consecutivo, fue encarcelado en la Casa de los Ensayos, dando inicio a un recorrido que incluyó las principales escenas de la Pasión. Con una cruz a cuestas, caminó entre soldados romanos y multitudes conmovidas, en medio de rezos, cantos y símbolos religiosos.

El personaje de Poncio Pilato dudó en emitir una sentencia, optando por azotar al Nazareno en lugar de condenarlo. Herodes, en una escena posterior, también rehusó dictar castigo. La presión ejercida por los sacerdotes fariseos forzó finalmente el desenlace: la crucifixión de Jesús, anunciada por la multitud y llevada a cabo en el Monte Calvario, como marca la tradición.
En paralelo, más de 2 mil 500 nazarenos desfilaron cargando cruces, muchos descalzos, como expresión de penitencia. Santiago, habitante local, compartió que desde hace 18 años participa por una promesa hecha por la salud de su abuelo. Antonio, de 29 años, del barrio de San Miguel, caminó con los pies desnudos y una cruz de 85 kilos, en memoria de su padre fallecido.
Los asistentes, vestidos en blanco y morado, recorrieron las calles desde temprana hora. La procesión avanzó bajo el sol, acompañada por aplausos y oraciones. La representación incluyó nuevos elementos escénicos, reforzó su sistema de seguridad y amplió la transmisión en plataformas digitales, facilitando el acceso para quienes no pudieron asistir presencialmente.
La ruta del Viacrucis cubrió alrededor de 10 kilómetros, comenzando en la calle Aztecas y culminando en el Cerro de la Estrella, donde se escenificó la crucifixión. Durante el trayecto se desplegó un operativo especial con personal de seguridad, paramédicos, puntos de hidratación y zonas de evacuación, con apoyo de la Protección Civil y elementos de la policía local.
La alcaldía Iztapalapa exhortó a los asistentes a seguir las medidas de seguridad, como portar identificaciones, mantenerse hidratados, vestir ropa adecuada y evitar objetos peligrosos. El despliegue de vigilancia también incluyó cortes de vialidades en avenidas como Ermita Iztapalapa, Eje 6 Sur y Tláhuac.
Esta celebración, que se mantiene vigente gracias a la participación de voluntarios locales y el Comité Organizador de Semana Santa, no solo representa un acto religioso, sino una manifestación cultural profundamente arraigada en el oriente de la Ciudad de México.
Más allá del simbolismo litúrgico, el Viacrucis de Iztapalapa refuerza el sentido de identidad colectiva, convocando tanto a fieles como a visitantes nacionales y extranjeros. La comunidad entera se involucra, desde los actores y directores escénicos hasta los feligreses que cargan cruces o simplemente observan en silencio.
Cada escena fue representada con precisión, apoyada por vestuarios detallados, coreografías grupales y acompañamiento musical. La figura de Claudia, esposa de Pilato, fue incluida para mostrar su intento por evitar la condena de Jesús. También se escenificó la traición de Judas Iscariote, quien buscó devolver las monedas obtenidas por su entrega.
La transmisión de la representación estuvo disponible en Twitter, YouTube y canales institucionales, permitiendo que más personas se sumaran al acto desde otras regiones. A pesar del calor y las largas caminatas, la afluencia se mantuvo constante durante todo el día.
El Viacrucis de Iztapalapa, más que una representación, se reafirma como una manifestación de fe viva. A lo largo de casi dos siglos, ha sido testigo del compromiso de una comunidad que, año con año, convierte su espacio urbano en altar colectivo, símbolo de resistencia cultural y espiritualidad compartida.








