Desde los talleres universitarios de Puebla hasta la inmensidad del cosmos, el talento mexicano vuelve a brillar. El nanosatélite Gxiba-1, desarrollado por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), fue aceptado por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) para ser lanzado y desplegado desde la Estación Espacial Internacional (EEI), convirtiéndose en el segundo satélite mexicano en lograrlo.
Curiosamente, el primero —el AztechSat-1— también nació en la UPAEP y fue lanzado el 4 de diciembre de 2019.
Así lo anunciaron con orgullo Eugenio Urrutia Albisua, Director de Proyectos Aeroespaciales de la UPAEP, e Isaac García Sanabria, estudiante de Ingeniería Aeroespacial y miembro del equipo que hizo posible este sueño.
“Solo un satélite hecho en México ha sido desplegado antes desde la EEI, y también fue nuestro. Ahora, Gxiba-1 se convertirá en el segundo. Este es un logro no solo para la universidad, sino para Puebla y para el país”, expresó Urrutia, consciente del peso histórico del proyecto.
El nombre Gxiba-1, que significa “mirar desde lo alto” en náhuatl, no solo orbitará la Tierra, sino que observará desde el espacio los volcanes más imponentes de México, como el Popocatépetl y el Volcán de Colima, recolectando imágenes que podrían convertirse en herramientas vitales para el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y otras instituciones.
“Este es apenas un primer paso hacia un monitoreo más avanzado. Imaginamos un futuro donde podamos analizar incluso los gases volcánicos desde el espacio y anticipar riesgos eruptivos”, explicó García Sanabria, entusiasta ante el potencial del satélite.
La historia de Gxiba-1 comenzó en diciembre de 2021, cuando la UPAEP ganó un concurso internacional organizado por la ONU y JAXA. Desde enero de 2022, un equipo multidisciplinario de 20 estudiantes y siete profesores trabajó para dar vida a este pequeño explorador espacial de apenas 10x10x10 centímetros y un kilogramo de peso.
A diferencia de su predecesor, Gxiba-1 incorpora una cámara orientada hacia la Tierra y utiliza tecnología de comunicación intersatelital probada en la misión anterior, transmitiendo datos mediante la constelación Iridium.
El proyecto enfrentó rigurosos estándares de prueba y certificación impuestos por Japón, que el equipo superó con dedicación y disciplina. Finalmente, Gxiba-1 fue aceptado para ser integrado al módulo japonés KIBO, desde donde será liberado al vacío orbital.
“Trabajar con Japón fue mucho más exigente que con la NASA, pero nos dejó grandes lecciones. Aprendimos otras formas de pensar, construir y trabajar. Fue agotador, pero muy formativo”, reconoció Urrutia.
El lanzamiento está previsto para octubre o noviembre, posiblemente desde suelo japonés, coincidiendo con festividades nacionales. Gxiba-1 espera una vida útil de al menos un año en órbita, aunque podría superar las expectativas.
Para Isaac García, el proyecto ha sido más que un reto académico: una puerta abierta al universo.
“En México es difícil acceder a este tipo de oportunidades. Aquí hemos aprendido, crecido profesionalmente y conectado con especialistas de todo el mundo. Este proyecto demuestra que con dedicación y trabajo en equipo se puede lograr lo que parecía inalcanzable”, afirmó.
El impacto del logro trasciende la órbita terrestre: la experiencia de la UPAEP ha inspirado a otras universidades mexicanas a desarrollar programas de ingeniería espacial.
La institución fue invitada por el Gobierno Federal a integrarse al Proyecto XLI, una constelación satelital nacional en alianza con la UNAM y el IPN.
En un país donde mirar al cielo a veces parece un acto de fe, la UPAEP demuestra que soñar en grande es construir futuro. Gxiba-1 no es solo un satélite: es una declaración de que México también escribe su historia en las estrellas.
