La mansión que el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, presume como su refugio en Tepoztlán, Morelos, enfrenta cuestionamientos legales y ambientales. De acuerdo con Carlos Rojas, asesor jurídico del Comisariado de Bienes Comunales de Tepoztlán, el predio donde se ubica la vivienda se encuentra bajo régimen comunal, lo que impide la existencia de escrituras privadas y descarta la posibilidad de obtener un crédito hipotecario.
“Ni un solo metro de tierra en Tepoztlán es propiedad privada. Todo el territorio está bajo el régimen de bienes comunales. El senador no tiene un título de propiedad y mucho menos pudo haber accedido a un crédito. Su adquisición tuvo que ser en efectivo y en una sola exhibición”, subrayó Rojas.
Además, el terreno forma parte de una zona de protección ecológica, donde la construcción de viviendas está prohibida. Su clausura dependería del ayuntamiento y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), aunque hasta ahora ninguna autoridad ha intervenido.
Según la información publicada por Excélsior, la vivienda, conocida por los lugareños como La Casa del Silencio, se localiza en las faldas de un cerro, al final de un callejón. Los vecinos aseguran que el precio del metro cuadrado en esa zona supera los 10mil pesos, lo que ubicaría el terreno en un valor superior a los diez millones de pesos.
El conjunto completo —terreno más construcción— podría alcanzar un avalúo de hasta 25 millones, de acuerdo con testimonios de los habitantes, informó el periódico de la vida nacional.
El caso ha despertado un debate en torno a la congruencia entre el discurso de austeridad de la Cuarta Transformación y los bienes de sus representantes. Noroña, quien recientemente dejó de identificarse como independiente para afiliarse a Morena, ha defendido que su compra está registrada en su declaración patrimonial y que paga la propiedad mediante un crédito respaldado por sus ingresos como senador y las transmisiones en YouTube.
Sin embargo, especialistas en derecho comunal reiteran que los bienes bajo este régimen no pueden hipotecarse. “Ninguna institución bancaria en México otorga préstamos sobre predios comunales. Si hubo una operación de compra, ésta tuvo que ser irregular y en efectivo”, insistió Rojas, quien advirtió que la asamblea comunal de Tepoztlán sesionará para evaluar el caso y podría iniciar un procedimiento de restitución de tierras, como ocurrió con el fracasado proyecto del club de golf en la zona de El Castillo.
La historia personal del senador también contrasta con el lujo de su nuevo hogar. Durante más de una década vivió en una vecindad del Centro Histórico de la Ciudad de México, en la calle Leandro Valle, donde llegó a vender libros en una mesa colocada a la entrada. Desde esa vivienda modesta dio entrevistas y mostró colecciones de libros, artesanías y objetos populares que reflejaban su estilo austero.
La compra de la casa en Tepoztlán, con jardines, terrazas, estudios y más de mil 200 metros cuadrados de construcción, se produjo en medio de llamados del presidente López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum a vivir en la “justa medianía”. A pesar de ello, Noroña insiste en que no tiene una obligación personal de seguir ese principio. “Yo era franciscano porque estábamos bien fregados. No me pidan que siga en esas condiciones”, dijo recientemente.
La polémica apenas comienza: mientras la Profepa guarda silencio, la asamblea comunal decidirá si procede una demanda de restitución, lo que podría convertir la mansión de Noroña en un símbolo más del choque entre la legalidad agraria y la influencia política.
