El ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989 y figura central del régimen islámico durante casi cuatro décadas, fue asesinado el 28 de febrero de 2026 en un bombardeo aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel contra su complejo residencial y de mando en el norte de Teherán.
La operación, calificada por fuentes militares israelíes como un “decapitación strike” de precisión, destruyó gran parte del complejo (imágenes satelitales de Planet Labs y Maxar muestran edificios reducidos a escombros y cráteres múltiples). Jamenei, de 86 años, murió junto a su esposa, una hija, un nieto, su yerno, el ministro de Defensa, varios comandantes de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y más de 40 altos mandos eliminados en la primera ola de ataques.
Medios estatales iraníes confirmaron su muerte el 1 de marzo, declarando 40 días de luto nacional y prometiendo una “venganza devastadora” contra los responsables.
El ataque forma parte de una ofensiva mayor coordinada (inteligencia CIA + Fuerza Aérea israelí y estadounidense) que también alcanzó instalaciones nucleares, bases militares y centros de mando de proxies iraníes (Hezbollah en Líbano y Houthis en Yemen).
El presidente Donald Trump lo anunció en Truth Social: “Uno de los más malvados de la historia está muerto. Gran día para la paz mundial”. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu lo calificó como “punto de inflexión histórico”.
La respuesta iraní fue inmediata: lanzamiento de misiles balísticos contra bases estadounidenses en Irak y Siria, ataques con drones a instalaciones petroleras saudíes y emiratíes, y activación de Hezbollah, que disparó cohetes hacia el norte de Israel. Explosiones se reportaron en Beirut, Teherán y Damasco.
El petróleo Brent subió más de 20% en horas, alcanzando niveles récord por temor a cierre del Estrecho de Ormuz.Irán formó un consejo provisional para gobernar mientras el Consejo de Expertos elige sucesor (Mojtaba Jamenei, hijo del ayatolá, es el favorito entre los duros; otros nombres incluyen al clérigo Alireza Arafi).
El mundo reaccionó con condena (ONU y UE llamaron a contención), celebraciones de la oposición iraní en el exilio y temor global a una guerra total.El ataque representa la escalada más grave en décadas en Oriente Medio y pone en jaque la estabilidad energética mundial.
