Donald Trump, presidente de Estados Unidos, intensificó su agenda proteccionista este viernes al amenazar simultáneamente a Apple y a la Unión Europea con nuevas medidas arancelarias.
En publicaciones separadas desde su red Truth Social, advirtió que impondrá un arancel del 25 por ciento a los productos de Apple si la compañía no traslada su producción al país, y recomendó fijar un impuesto del 50 por ciento a todas las importaciones procedentes del bloque europeo a partir del 1 de junio.
“Hace tiempo que le dije a Tim Cook que espero que los iPhones vendidos en Estados Unidos se fabriquen aquí. Si no es así, Apple deberá pagar un arancel de al menos 25%”, escribió Trump.
La advertencia golpeó de inmediato el valor de las acciones de Apple, que retrocedieron más del 3% en las operaciones electrónicas previas a la apertura de Wall Street. El mandatario considera “inaceptable” que la firma mantenga operaciones en países como India, pese a sus recientes inversiones en manufactura local.
De forma paralela, Trump arremetió contra la Unión Europea. “Nuestras conversaciones con ellos no están dando frutos”, acusó al justificar su propuesta de imponer aranceles del 50 por ciento a productos europeos, alegando que el bloque fue creado con el propósito de “aprovecharse” comercialmente de Estados Unidos. Citó barreras regulatorias, manipulación monetaria y “sanciones corporativas ridículas” como factores detrás del déficit comercial bilateral.
La Comisión Europea reaccionó con cautela. Aunque ya había adoptado contramedidas ante anteriores aranceles al acero y aluminio, las dejó en suspenso hasta el 14 de julio para permitir avances en las negociaciones. Mientras tanto, Bruselas prepara una nueva serie de represalias por hasta 100 mil millones de euros, que afectarían productos agrícolas e industriales estadounidenses si no se llega a un acuerdo antes del 10 de junio.
Los efectos del endurecimiento proteccionista ya se perciben fuera del comercio. Tourism Economics reportó una caída del 10% en reservas de viajes desde Europa a Estados Unidos para el verano, como señal de rechazo a las políticas de Trump. El descenso podría extenderse a un 8.7% en llegadas internacionales durante todo el año.
