A diario, miles de personas quedan atrapadas en la Ciudad de México por las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). El hartazgo ciudadano es palpable. Ya no se trata solo de molestias pasajeras, sino de una percepción creciente de que los bloqueos son un mecanismo de chantaje más que una herramienta de lucha legítima.
Según datos de QM Estudios de Opinión, 78 por ciento de los capitalinos y habitantes del Estado de México reprueban las manifestaciones. Las razones del descontento son claras: parálisis del tránsito, bloqueos en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional, cierre de avenidas, agresiones a la prensa y una sensación de impunidad por parte de un grupo que, pese a todo, mantiene diálogo con la Presidencia.
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Uno de los episodios más visibles de esta confrontación ocurrió cuando la conferencia matutina de Claudia Sheinbaum tuvo que ajustarse por la imposibilidad de acceder con normalidad al recinto. La protesta en torno a Palacio Nacional impidió el ingreso de funcionarios, periodistas y trabajadores.
El pliego de demandas de la CNTE gira en torno a la derogación de la reforma a la Ley del ISSSTE de 2007. También busca proteger su estructura sindical de cambios normativos. Sin embargo, el discurso que han sostenido se ve opacado por las formas que emplean para ejercer presión.
El sondeo, que incluyó 622 entrevistas a mayores de edad residentes en la Zona Metropolitana del Valle de México, fue ejecutado mediante llamadas automatizadas el 22 de mayo. El estudio arroja un margen de error máximo de 3.91 puntos porcentuales y una confianza estadística del 95 por ciento.
