Las bebidas energéticas, que prometen mayor concentración, energía física y alerta mental, se han convertido en un producto de consumo habitual entre adolescentes. Ante este panorama, Ricardo Monreal Ávila, diputado de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política, impulsa una reforma a los artículos 215 y 419 de la Ley General de Salud y la adición del artículo 216 Ter, con el objetivo de prohibir su venta a menores de edad. La propuesta contempla una sanción de hasta dos mil veces la Unidad de Medida y Actualización a quienes violen esta restricción.
La iniciativa define con precisión qué se entiende por “bebida energética”: todo producto no alcohólico que incluya ingredientes estimulantes como cafeína, taurina, glucuronolactona, guaraná, ginseng o vitaminas del grupo B, ya sea con o sin azúcares y aditivos. Según el legislador, el enfoque es claro: frenar el acceso libre de estos productos a menores de edad como medida de salud pública. El argumento central radica en el interés superior de la niñez y en prevenir desde la legislación posibles consecuencias adversas a corto y largo plazo.
Preocupación global, respuesta legislativa
La propuesta encuentra respaldo en organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF. Ambos han alertado sobre los riesgos del consumo frecuente de bebidas azucaradas, destacando su relación con enfermedades no transmisibles como la diabetes y la obesidad. La OMS, en particular, recomienda reducir el consumo de azúcares libres a menos del 10 por ciento de la ingesta calórica diaria. Monreal enfatiza que, al acotar la venta de estos productos, se fortalece una política preventiva de salud y se promueve un entorno más saludable para el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
En la exposición de motivos, el legislador señala que el consumo de bebidas energéticas en menores ha crecido sustancialmente, generando preocupación por sus efectos en una etapa crucial de desarrollo físico y mental. Cita riesgos como insomnio, ansiedad, hipertensión, arritmias e incluso accidentes cerebrovasculares. Subraya también el impacto negativo que pueden tener sobre la memoria, el aprendizaje y el estado de ánimo.
Conciencia, prevención y regulación
Monreal advierte que estas bebidas suelen estar asociadas con el rendimiento deportivo, aunque en realidad pueden provocar deshidratación y mayor riesgo de colapso durante la actividad física. Además, alerta sobre una posible dependencia emocional o conductual ligada al consumo repetido de “energía rápida”. Por ello, plantea que el Estado debe intervenir no sólo con sanciones, sino con educación temprana y entornos que promuevan hábitos saludables.
La reforma no pretende limitar libertades de los adultos, aclara el legislador, sino actuar en defensa del bienestar infantil, conforme a tratados internacionales suscritos por México. De ser aprobada, la propuesta se convertiría en una herramienta jurídica que refuerce el papel del Congreso en la construcción de políticas públicas con enfoque preventivo.
