La seguridad en la capital poblana apunta a un cambio de paradigma. A partir de 2026, el municipio de Puebla ampliará su red de videovigilancia mediante la incorporación de más de dos mil cámaras equipadas con Inteligencia Artificial, con capacidad para reconocer rostros, identificar vehículos y detectar patrones de comportamiento, una tecnología que promete modificar la forma en que se supervisan las calles.
El anuncio lo confirmó el secretario de Seguridad Ciudadana, Félix Pallares Miranda, quien explicó que la adquisición del equipo forma parte de una estrategia definida por el presidente municipal, José Chedraui Budib, y que actualmente atraviesa la fase de trámites administrativos.
A diferencia de los sistemas tradicionales, las nuevas cámaras no dependerán únicamente de la observación humana. Su principal valor, subrayó Pallares Miranda, radica en la automatización del análisis, lo que permitirá identificar rostros, placas vehiculares y conductas atípicas en tiempo real.
“Con las cámaras convencionales se necesita personal observando de manera permanente. Con esta tecnología, el sistema analiza, alerta y prioriza”, explicó el funcionario, al señalar que este esquema ampliará la cobertura sin saturar los centros de control.
Las cámaras se instalarán principalmente en zonas de alta afluencia y corredores comerciales, aunque el municipio evalúa otros puntos estratégicos donde la vigilancia automatizada tenga mayor impacto preventivo.
Desde el ámbito político-administrativo, el secretario general de Gobierno, Francisco Rodríguez Álvarez, defendió la transición tecnológica al señalar que el costo de la videovigilancia disminuyó, mientras que la capacidad humana para monitorear miles de dispositivos permaneció limitada.
“Hoy, con los mismos elementos, podemos vigilar el doble de dispositivos. Antes se supervisaban mil quinientas cámaras; ahora, cerca de tres mil”, explicó, al destacar que la Inteligencia Artificial redujo la dependencia del factor humano.
Rodríguez Álvarez sostuvo que este tipo de sistemas ya opera de manera habitual en ciudades de países desarrollados, donde los centros de control trabajan con datos biométricos, reconocimiento facial y detección de conductas delictivas, lo que acelera la respuesta policial y optimiza los recursos disponibles.
