Apenas siete días después de que la opinión pública se estremeciera con el caso de Fernandito, un niño de cinco años asesinado en Los Reyes La Paz, el Estado de México enfrenta un nuevo episodio de violencia extrema contra menores. En la madrugada del lunes 11 de agosto, Dulce, una niña de 12 años, fue asesinada dentro de su hogar en la colonia San Pablo Atlazalpan, municipio de Chalco.
Según los primeros reportes, un grupo de hombres a bordo de motocicletas irrumpió en la calle donde vivía la menor y abrió fuego contra la vivienda. Los peritos contabilizaron al menos 28 impactos de arma de fuego. Dulce recibió varios disparos en el pecho y las piernas. Los paramédicos que llegaron al lugar solo pudieron confirmar que la menor había muerto.
En un inicio, versiones extraoficiales apuntaron a que el ataque podría estar relacionado con una deuda económica, como ocurrió en el caso de Fernandito, quien fue retenido como garantía por mil pesos y posteriormente hallado sin vida. Sin embargo, la línea oficial de investigación ha tomado otro rumbo.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, explicó este martes en la conferencia matutina que el objetivo de los atacantes era la pareja sentimental de la madre de Dulce. “Está vinculada a la venta de drogas. Cuando llegan los agresores buscando a este sujeto, él logra escapar y matan a la niña”, afirmó.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México abrió una carpeta de investigación por feminicidio, mientras que el paradero del padrastro de Dulce es desconocido. Hasta el momento no hay personas detenidas.
El contexto agrava el impacto social: apenas el 28 de julio, en la colonia Ejidal El Pino, Los Reyes La Paz, Fernandito fue sustraído de su casa por una vecina y su hija como garantía por un préstamo impago de mil pesos. El niño fue hallado muerto días después, dentro de bolsas de plástico, y tres personas fueron detenidas por secuestro y homicidio.
Ambos casos comparten un denominador común: menores de edad asesinados en represalia por conflictos y deudas de adultos. En uno, la disputa fue por dinero; en el otro, por la cadena criminal del narcomenudeo. En los dos, la indefensión y la rapidez de los ataques muestran un patrón alarmante de impunidad y violencia dirigida contra las víctimas más vulnerables.
Las autoridades locales y estatales han prometido reforzar la presencia policial en zonas consideradas de alto riesgo en Chalco y municipios colindantes, pero los casos recientes han puesto en evidencia que, más allá de los operativos, el tejido social se encuentra gravemente erosionado.
El miedo, la violencia y el crimen organizado se entrelazan en una dinámica donde la vida de un niño puede convertirse en moneda de cambio o blanco de ajuste de cuentas.
