El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que llamó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedirle que reconsiderara la tarjeta roja mostrada al delantero Folarin Balogun durante el partido contra Bosnia-Herzegovina. Trump admitió que “no sabía qué demonios era una tarjeta roja” y calificó la expulsión como injusta, comparando el caso con dejar fuera a figuras como Messi o Cristiano Ronaldo.
Tras la intervención, la FIFA decidió suspender la sanción y dejarla en probation por un año, lo que permitirá que Balogun dispute los octavos de final contra Bélgica. Sin embargo, la decisión generó un fuerte escándalo: la UEFA acusó a la FIFA de cruzar una línea roja y de poner en riesgo la integridad del torneo, al considerar que la presión política no debe influir en las determinaciones disciplinarias.
El episodio abre un debate sobre la independencia de los organismos deportivos y el impacto de las presiones externas en la justicia dentro del fútbol.
