Sentadito detrás de una valla metálica que representó el abismo existente entre el epicentro del poder y la desgracia, Adán Augusto López Hernández escuchó los dos mensajes que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo envió para calar no solo al senador sino a toda la clase política nacional.
Mensaje 1: “Se han empeñado en separarnos (a Andrés Manuel López Obrador y a mí), en que rompamos. Su objetivo no es otro más que el de acabar con el movimiento de Transformación, que nos dividamos. Pero eso no va a ocurrir, porque compartimos valores: honestidad, justicia y amor al pueblo de México.
“Porque compartimos proyecto: el Humanismo Mexicano y porque no llegamos al gobierno solo para administrar, llegamos para seguir transformando la Nación para el bienestar del pueblo.
“Andrés Manuel López Obrador fue, es y será siempre un ejemplo de honradez, de austeridad y de profundo amor al pueblo de México. Nunca se rindió ante la presión, nunca se vendió a los poderosos, nunca se apartó de sus principios. Y escúchenlo bien: su Presidenta, tampoco lo hará, porque tenemos convicciones, tenemos principios”.
Mensaje 2: “En este México nuevo, la honestidad no es la excepción, es la regla. Y quien traicione al pueblo, quien robe al pueblo, enfrenta la justicia.
“El poder no es para enriquecerse, es para servir con humildad. Los recursos públicos son sagrados y se le devuelven al pueblo en derechos, en Programas de Bienestar y obras estratégicas para el desarrollo nacional”.
Vayamos por partes.
¿Quién o quiénes se han empeñado en la ruptura entre López Obrador y Claudia Sheinbaum? Y, ¿por qué el énfasis de la presidenta de dejar claro que no habrá ruptura con el expresidente porque comparte valores como la honestidad?
En países surgidos de un modelo político partido-gobierno, la verdadera lucha del poder no se encuentra en la calle o en la oposición sino en la misma clase política o gobernante que integra ese sistema.
A un año de asumir la presidencia de México, Sheinbaum Pardo ha sido testigo de la escisión de Morena, surgida de la intentona de un sector de morenistas que se niega a entender que el país camina en el Segundo Piso de la Cuarta Transformación, cuyo liderazgo recae exclusivamente en la presidenta.
Ese sector tiene nombre y apellido. Algunos se autonombran como “los puros de Morena”, otros como “los fundadores de Morena” y otros más los “herederos” de López Obrador.
En realidad, se trata de la Nomenklatura morenista, una élite que antes del 2 de julio de 2024 controlaba cargos administrativos bajo el principio clientelar del primer gobierno de izquierda en México.
Son ellos, los que pensaron que sería fácil someter a Claudia Sheinbaum o, equivocadamente, creyeron que no tenían por qué rendirle cuentas. Es más, hasta se dieron el lujo de operar abiertamente en su contra para boicotear sus decisiones, insultarla duramente en privado y presionar para mantener sus canonjías a costa de lo que fuera.
Este sector es el que, ante la nueva realidad del país construida alrededor de una mujer en la presidencia que no comparte el poder con nadie, no ha entendido que su guerra está perdida porque, al igual que la Nomenklatura de la extinta URSS, su principal vulnerabilidad política se encuentra en sus amplísimos expedientes de corrupción, ineficacia y descrédito ante los nuevos tiempos.
Veamos el caso de Adán Augusto López, que ayer llegó al informe de la presidenta Claudia Sheinbaum acompañado por Andrés Manuel López Beltrán, en un afán por demostrar que cuenta con el respaldo del expresidente y/o hacer creer que hay un bloque duro que no se someterá a la primera presidenta en 200 años de vida independiente de México.
Más de un columnista a nivel nacional ha dejado constancia del desdén del tabasqueño hacia la investidura presidencial, la trama en las sombras para boicotear al gobierno federal, incitar abiertas rebeliones impulsadas desde el Senado e incluso creer que tenía más poder que el presidencial para poner y quitar candidatos.
López Hernández, como todo buen integrante de la rancia Nomenklatura, representa lo más retrógrado de la política mexicana: una carrera forjada exclusivamente al amparo de su amigo expresidente, el uso del poder para beneficio personal y necedad de tonto.
El exgobernador caminaba seguro de contar con la impunidad porque en él confluyen muchos de los hilos de la complicidad criminal tejida con los sectores duros morenistas. Ya se vio que no es así.
En esa lógica, Adán Augusto, lo mismo que la Nomenklatura, minimizaron la operación presidencial, los mensajes enviados y la realidad política.
Un ejemplo: La Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Los duros de Morena presionaron para que Lenia Batres -cuyo hermano fue uno de los auspiciadores del pederasta Joaquín Naasón- ocupara la presidencia. Seguros de que contaban con la maquinaria político-electoral, menospreciaron la decisión de la presidenta de enviar a la guerra a Hugo Aguilar.
La historia la conocemos todos: Aguilar Ortiz le dio una paliza a los duros de Morena con las mismas reglas que impusieron: quien obtuviera el mayor número de votos sería el nuevo líder del máximo tribunal del país.
La presidenta, además, demostró una vez más que está equivocada sobre lo que piensa de los integrantes de la Nomenklatura: Muy puros, muy fundadores, pero incapaces de ganar una elección o tener competitividad.
Otro mensaje fueron las elecciones en diferentes estados. Gobernadores mordieron el polvo, el secretario de Organización de Morena, Andrés Manuel López Beltrán, no pudo ni meter las manos en Durango, mientras que en otros sitios se sintió el peso o el vacío presidencial.
Los dos mensajes que este domingo envió Claudia Sheinbaum también están aderezados con la guerra que se aproxima en 2027. La Nomenklatura cree que el partido es suyo y que ni la presidenta puede intervenir. Craso error.
Solo basta con observar cómo, día con día, Adán Augusto tiene menos margen jurídico de maniobra para limpiar su vínculo con el grupo criminal de La Barredora, los desvíos de recursos y la estructura empresarial creada en todo el país, aceitada con el erario.

Incluso, lo sorprendente hasta el momento es la facilidad con que Adán Augusto y sus aliados, sobre todo aquellos que se sienten herederos del poder, han demostrado su vulnerabilidad.
Solo fue necesario exhibirlos en sus excesos o arrebatos y airear sus expedientes criminales o de corrupción para que aparecieran en la palestra pública en su propia condición.
La misma presidenta lo dejó claro en el Zócalo capitalino: “El poder no es para enriquecerse, es para servir con humildad. Los recursos públicos son sagrados y se le devuelven al pueblo en derechos, en Programas de Bienestar y obras estratégicas para el desarrollo nacional”.
La Nomenklatura, pese a esta condición, se niega a aceptar su realidad, a pesar de que los datos duros demuestran su toxicidad política.
Vea usted.
De acuerdo con la más reciente encuesta difundida por Enkoll-El País, el pasado 1 de octubre, Adán Augusto es el morenista con la opinión negativa más alta, con 44 por ciento. Solo hay tres impresentables que le ganan, pero que justamente lo vinculan con el peor sector político: El priista Alejandro Moreno Cárdenas (67%), las panistas Lily Téllez y Kenia López (52%) y el empresario que se niega a pagar impuestos, Ricardo Salinas Pliego (48%).
La situación es más complicada porque en dicho sondeo, Andrés Manuel López Beltrán y Gerardo Fernández Noroña se encuentran con 37% y 34% de opinión negativa. En el caso de Lenia Batres, suma 32%.
No serán los duros o la Nomenklatura los mejores hombres o mujeres para construir el Segundo Piso de la 4T.
El país ya cambió, pero no se han enterado.
Por eso el mensaje: La justicia para quienes traicionen y no lograrán una ruptura entre López Obrador y ella.
