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agosto 12, 2025
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Luisa María Alcalde y el reacomodo de fichas rumbo a 2027

En una sala sin ventilación del Centro de Convenciones fue donde se llevó a cabo el día más incómodo —hasta el momento— del calendario político poblano.

Ahí estaba prácticamente toda la plana mayor de Morena: la presidenta nacional Luisa María Alcalde, la dirigente estatal Olga Lucía Romero Garci-Crespo, el gobernador Alejandro Armenta Mier; el presidente municipal capitalino, José Chedraui Budib; la presidenta del Congreso del estado, Laura Artemisa García Chávez, así como otras caras que no sabían si sonreír o fruncir el ceño.

Frente a ellos, una pantalla mostró lo que muchos sospechaban y algunos se negaban a creer: las cartas para la elección intermedia de 2027 siguen sin prender. Poco ha servido su exposición y activismo. Ninguna supera el 6 por ciento de conocimiento.

La reunión no fue para repartir candidaturas, sino para enfrentar la pregunta que nadie quiere contestar: ¿y si hay que ceder?

El gobernador, firme como quien sabe que tiene el bastón de mando, miró sin hablar mucho. Sabía que todos esperaban su señal. Porque, aunque todos pueden aspirar, él será quien decida quién puede realmente competir. Y no se puede permitir cometer el error de apostar todo a una ficha que no despegue.

Sí, lo lógico sería impulsar a las suyas. Pero la lógica no vota. Y los números, menos.

Es más, esa lógica va en contra de su propio ADN político, siempre competitivo, dispuesto a acaparar la plaza, a suscribir la mejor estrategia para conseguir una sola cosa: el triunfo.

¿Qué pasa entonces con las cartas?

Laura Artemisa tiene estructura, cercanía con el mandatario estatal y disciplina. Como pocos, ha demostrado un efectivo y profundo oficio político. Pero, su huella territorial todavía sigue sin sentirse en la capital poblana. Su nombre se confunde con el de otras diputadas. Su trayectoria es seria, pero su presencia sigue sin cuajar.

Gabriela Sánchez, La Bonita, con su imagen fresca y juvenil, genera simpatía, sobre todo en las stories y en los recorridos. Es un activo valioso porque, precisamente, representa la apuesta en el relevo generacional de la clase política y el guiño hacia los ciudadanos cansados de los políticos tradicionales.

Pero la política no se gana por fotogenia. Su ventaja es que es disciplinada, está acostumbrada a la pelea, aunque su reto es que la gente la reconozca sin etiqueta.

Así pues, en la visita de Luisa María Alcalde, José Luis García Parra, coordinador del gabinete del estado, apareció en escena. Fue una jugada estratégica del mandatario estatal, no una coronación.

El gobernador lo sacó del anonimato al tablero de juego no para imponerlo, sino para poner presión. ¿A quién? A todos: a los que creen que tienen más derecho que trabajo; a los que creen que las encuestas se doblan sin estrategia, con escándalos o a quienes financian cuentas fake en redes sociales para golpear a la administración estatal.

El asunto se torna complejo porque en la casa de enfrente —no, no es la oposición, esa ni siquiera existe—, el Partido del Trabajo, con sus propios cálculos, presume cartas con conocimiento entre 10 y 15 por ciento.

Los diputados federales Nora Merino y Toño López están en una ruta sostenida de promoción y activismo a ras de suelo, aunque en los corrillos del poder se asegura que la senadora Liz Sánchez es quien en verdad está tejiendo todo. El PT quiere un lugar en la mesa de la toma de decisiones. Y, si no se les da, por lo menos buscan una servilleta con firma que los ayude a moverse sin restricción.

El Partido Verde, más discreto, tiene una sola carta: Tony Gali Junior. No necesita promoción. Tiene lo que las demás fichas no tienen: reconocimiento de nombre. Que guste o no, es otra discusión. ¿Será por eso que en las mesas políticas comenzó a tomar fuerza la versión de que suena como el plan B… o C… o el que pacte?

Por su parte, el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, sigue como el único que combina posición con proyección. Está por encima de todos, incluso de la oposición. Y por eso despierta tanto respeto como sospechas. Algunos quieren que fracase solo para sentirse cómodos, mientras que otros aguardan pacientes los tiempos. Saben que no hay nada escrito.

Así pues, la visita de Luisa María Alcalde puede entenderse como el día que nadie fue descartado… pero todos fueron medidos.

La dirigente nacional no llegó a dar línea sino a recoger sensaciones, no descalificó a nadie. Dijo lo que dice quien ha visto encuestas difíciles: “Todos pueden aspirar”. Traducción: el partido no quiere cerrar la puerta, pero tampoco puede cargar muertos.

La sucesión está abierta y el tiempo se achica.

Los nombres no se posicionan solos.

La encuesta será definitoria para la elección de candidatos.

La verdadera pelea está en marcha.

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