El gobierno ruso encabezado por Vladimir Putin celebró el 80 aniversario del triunfo sobre la Alemania nazi con su tradicional desfile militar del Día de la Victoria en la Plaza Roja. A pesar de la guerra en curso en Ucrania y del creciente aislamiento impuesto por Occidente, el acto fue escenario de una exhibición de poder militar y de alianzas políticas internacionales.
Más de 11 mil soldados desfilaron por el centro de la capital rusa, incluyendo mil 500 que han combatido en Ucrania. Se desplegó armamento moderno como tanques T-90, sistemas antiaéreos S-400, misiles Iskander y drones de combate Orlan, Lancet y Geran-2.
Entre los asistentes destacaron líderes de más de 20 países, como el presidente de China, Xi Jinping; el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva; y el venezolano Nicolás Maduro. También acudieron el primer ministro eslovaco Robert Fico, el presidente serbio Aleksandar Vucic y el serbio-bosnio Milorad Dodik, buscado por la justicia de su país. Todos ellos desafiaron las restricciones y advertencias impuestas por países europeos.
Las autoridades rusas intensificaron las medidas de seguridad en Moscú en los días previos al evento. Se interrumpieron las conexiones móviles de internet y se desplegaron trabajadores en los techos de edificios públicos para vigilar posibles amenazas aéreas. Estas acciones respondieron a los ataques con drones lanzados desde Ucrania, que afectaron los aeropuertos de la ciudad y obligaron a cerrar temporalmente su espacio aéreo.
La asistencia extranjera fue interpretada por el Kremlin como una señal de legitimidad y apoyo ante la presión diplomática internacional. Las delegaciones de países asiáticos y latinoamericanos fueron recibidas con honores en el Kremlin durante la ceremonia conmemorativa.
Durante su discurso, Putin volvió a trazar paralelismos entre la Segunda Guerra Mundial y el actual conflicto con Ucrania. Afirmó que Rusia «siempre será una barrera contra el nazismo» y celebró el valor de los soldados rusos desplegados en territorio ucraniano. «Todo el país, la sociedad y el pueblo apoyan a los participantes en la operación militar especial», declaró el mandatario.
Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, calificó el desfile como un acto de propaganda y condenó la presencia de líderes extranjeros como un respaldo a un «Estado agresor». Kiev también rechazó la tregua de tres días declarada por Moscú del 8 al 10 de mayo, señalando múltiples ataques rusos en zonas civiles durante ese periodo.
En paralelo, mientras se desarrollaba el desfile en Moscú, una veintena de delegaciones europeas se reunieron en la ciudad ucraniana de Lviv para apoyar la creación de un tribunal especial que investigue los crímenes de agresión cometidos por Rusia. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, aseguró que Europa no permitirá que se manipule la historia ni que queden impunes las violaciones del derecho internacional.
La movilización diplomática y militar evidenció la polarización global generada por la invasión rusa de Ucrania. Mientras países del llamado Sur Global acuden a respaldar a Putin, naciones occidentales fortalecen su apoyo al gobierno ucraniano con sanciones, ayuda militar y propuestas judiciales.
El desfile del Día de la Victoria, convertido en una herramienta de afirmación nacionalista, refleja la estrategia de Putin para mantener el apoyo interno y exterior en medio de un conflicto que ha cobrado miles de vidas y provocado el desplazamiento de millones. Conmemorando una victoria histórica, Rusia volvió a proyectar una imagen de fuerza, acompañada de socios que, pese a la presión internacional, eligieron acompañarla en un momento clave.
