DOBLE FONDO
Por: Yohan Moreno – @YohanMorenoL
La noticia ya es oficial y el guion operativo se ejecutó al pie de la letra: la secretaria de Bienestar de Puebla, Laura Artemisa García Chávez, anunció su retiro definitivo de la contienda interna de Morena por la capital poblana. Con un súbito ataque de disciplina partidista, la funcionaria optó por el refugio seguro de la burocracia, aferrándose al manejo de los programas sociales tras abandonar sus aspiraciones municipales.
Sin embargo, su repliegue contrasta de forma grotesca con el escenario urbano. Durante meses, los poblanos fuimos víctimas de un asfixiante bombardeo de contaminación visual, su nombre tapizó miles de bardas, su rostro dominó los espectaculares más costosos de las principales avenidas y su presencia fue impuesta en eventos masivos de dudoso financiamiento.
Hoy, con su salida, el tablero de ajedrez se limpia mágicamente, dejándole la pista libre y sin estorbos a los perfiles que traen estructura y tracción real, como el actual presidente municipal Pepe Chedraui y Gaby “La Bonita” Sánchez.
Pero vayamos al doble fondo de esta tragicomedia. En términos de estrategia de comunicación política, la campaña de Laura Artemisa fue un manual de lo que no se debe hacer es apostar por una saturación de marca agresiva creyendo que el conocimiento de nombre se traduce automáticamente en intención de voto. La brutal verdad que nadie quiere admitir en voz alta es que la secretaria de Bienestar Estatal simplemente no prendió; la campaña no funcionó y sus números se desplomaron.
Su burbuja publicitaria se reventó al chocar contra la crudeza de las encuestas reales, demostrando que el carisma y la simpatía orgánica no se compra con sombrillas ni abanicos. Y aquí surge la pregunta que incomoda e insulta: ¿De dónde salió esa monstruosa cantidad de dinero para pagar un capricho que no levantó? Que la titular de Bienestar —la caja fuerte encargada de combatir la pobreza— haya derrochado a manos llenas para terminar haciendo el ridículo en los sondeos, es una bofetada a la austeridad que se pregona desde Palacio Nacional.
https://x.com/artemisa_laura/status/2109838578687615328
En su carta de claudicación, Laura Artemisa García Chávez intentó salvar la cara envolviéndose en la bandera de la «lealtad institucional». Juró amor eterno a Puebla y obediencia ciega en el mandatario poblano, asegurando que su repliegue no busca beneficios personales, sino que asume sumisamente su rol dentro de un «plan mayor». Todo este discurso suena a un heroísmo prefabricado, diseñado específicamente para controlar los daños de un proyecto fallido y maquillar una derrota anticipada bajo el disfraz de la unidad partidista.
Y es precisamente aquí donde radica el verdadero juego de espejos de la política poblana. En este negocio, nadie gasta millones de pesos en bardas y lonas nada más para sudar la camiseta, medir el agua y luego irse a sentar al rincón. Este plan de campaña de posicionamiento, fue un rotundo fracaso para la alcaldía. ¿Será que todo este ruido y derroche visual fue únicamente el método para encarecer su ficha política y asegurar una diputación plurinominal, o incluso buscar fuero en el Senado?.
El mensaje entre líneas de su estrategia es claro y cínico: No le alcanzó para la presidencia municipal, pero vean el ruido que hizo; si quieren que se baje, páguenle el rescate. Te inflas artificialmente, las encuestas te dan un baño de realidad, acatas la orden de bajarte… y pasas a cobrar tu premio de consolación a la ventanilla legislativa. Una jugada redonda donde la clase política cobra sus facturas internas, mientras que los millones tirados a la basura los terminamos pagando los ciudadanos.
