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abril 23, 2025
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La nueva caída del antiguo Zar del Transporte (una crónica sobre Don Cuco)

Conocedor de la operación del transporte en el sur de la ciudad, halló en la Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre” a sus principales aliados para regresar por sus fueros.

Hasta hace una década, Ángel Sierra de la Rosa era conocido como el Zar del Transporte y el mote no era para menos. Su imperio abarcaba, junto con su antiguo socio Delfino Reyes Bocardo, 182 de las 447 concesiones existentes en las rutas Galgos del Sur y Mayorazgo.

Su poderío le arrojaba ganancias mensuales estimadas en 3 millones de pesos, libres de impuestos y pagos de operación. Eso lo convirtió en uno de los líderes más poderosos al que las autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes tenían como aliado por su capacidad de movilización en épocas electorales.

Todo ese imperio se vino abajo con la entrada en circulación la Línea 1 de la Red Urbana de Transporte Articulado (RUTA). Angel Sierra fue detenido por oponerse al proyecto, mientras que Delfino Reyes optó por claudicar en la intentona.

La anécdota cuenta que, en plenas negociaciones, Sierra —al que sus amigos y conocidos le llaman Don Cuco— fue llamado a las oficinas del otrora poderoso operador del morenovallismo, Eukid Castañón Herrera, quien le ofreció una salida al conflicto. El transportista no accedió y antes de abandonar el sitio escuchó la sentencia: “Quienes han salido de esta oficina sin un acuerdo, solo tienen un destino”.

A los pocos días, Don Cuco era detenido junto con su padre y esposa. Fue la jugada que terminó con la rebelión de los transportistas.

Pero eso no significó que se acabaran las andadas y, sobre todo, el ansía de revivir las viejas glorias y los millonarios ingresos.

Reyes Bocardo, por ejemplo, se convirtió en el líder de la Alianza Camionera de Puebla que, durante la gestión de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, encabezó las fallidas protestas para exigir un incremento a la tarifa de transporte público y amagó —también sin éxito— con boicotear el servicio.

El caso de Ángel de la Sierra fue muy diferente. Tras salir de prisión se concentró en administrar unas pocas concesiones que le quedaron, aunque quienes lo conocen aseguran que nunca perdió la esperanza de regresar a las viejas glorias.

Conocedor de la operación del transporte en sur de la ciudad, halló en la Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre” a sus principales aliados para regresar por sus fueros.

Rubén Sarabia Sánchez, alias Simitrio, lo reclutó para extender sus tentáculos al transporte público, pero principalmente para hacerle frente a su principal rival político y de negocios ilegales en el transporte: Antorcha Campesina.

El sempiterno dirigente de la “28 de Octubre” poco sabía del transporte, pero vio una oportunidad en el sur de la ciudad. Fortalecido por el régimen morenovallista, que lo utilizó como acicate contra los Antorchistas, se hizo del control de los estacionamientos en la zona de los estadios —hoy recuperados por el gobernador Alejandro Armenta Mier—, reactivó su fortaleza en mercados municipales e invadió zonas populares con mercados itinerantes.

La joya de la corona era, sin duda, el transporte público y la única expansión posible era hacia el sur de la capital, una zona controlada de cabo a rabo por Antorcha Campesina. Fue ahí que, como dijeran las abuelas, se juntaron el hambre y las ganas de comer: La UPVA proporcionó los recursos y gente para la operación, mientras que Angel de la Sierra aportó el know how sobre cómo convertir todo en un negocio boyante.

El antiguo Zar del Transporte sabía que no iba a ser sencillo recuperar su imperio perdido por el tamaño de adversarios: violentos, con poder y dinero. Lo más importante: Nunca permitirían que fueran invadidos en su propio territorio.

Para sorpresa de la caciquil organización priista, la “28 de Octubre” comenzó con su operación en el transporte y, poco a poco, ganó terreno. A tal grado llegó la disputa que actualmente controlan la mitad de las rutas en la zona, así como los taxis piratas que por años ofrecieron servicios a lo largo del periférico, luego de que el mismo morenovallismo sacó de circulación, por mero revanchismo político, la única línea que ofrecía el derrotero.

Sea cual fuera la acción todo indicaba que habría choques entre las organizaciones. Los vecinos del lujoso fraccionamiento Lomas de Angelópolis todavía recuerdan el pasado 17 de octubre cuando conductores de la Ruta 25 montaron barricadas y se alistaron a defender sus territorios con piedras, palos y armas punzocortantes.

En los siguientes días, surgieron más conflictos, pero la rijosidad se concentró justo al sur de la ciudad.

Y llegó el 10 de marzo de 2025. En redes sociales, aparecieron videos en los que se registra una feroz batalla campal entre transportistas en la junta auxiliar de San Andrés Azumiatla. Un grupo de operadores apaleaba sin piedad a un sujeto, también conductor pero agremiado a Antorcha Campesina.

Al poco tiempo se supo que el saldo de la gresca fue un muerto y una persona herida.

Este martes, la Fiscalía General del Estado dio otro dato aún más revelador: Angel Sierra fue detenido como presunto responsable del homicidio del enfrentamiento entre los choferenes de las rutas S-10 y S-5.

Fue, un capítulo más en la batalla campal por el territorio.

Pero Ángel Sierra también tenía otra faceta: La de opositor a la revista vehicular, impulsada por la Secretaría de Movilidad y Transporte.

Al igual que sus aliados de la “28 de Octubre” se convirtió en un acérrimo enemigo de la iniciativa debido a su vieja formación de “hombre-camión”: Entre menos inversión para mejorar el servicio, mayor ganancia para los concesionarios.

Es irónico, pero después de tantas confrontaciones entre la 28 de Octubre y Antorcha Campesina, Ángel Sierra sí tenía una cosa en común con sus adversarios: la resistencia a ofrecer a la ciudadanía un sistema de transporte de calidad.

La recuperación del imperio, como es de entenderse, quedó una vez más en stand by.

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