Un diagnóstico ambiental reciente realizado por el gobierno federal identificó más de 4 mil 900 puntos de descarga contaminante en la cuenca de los ríos Río Atoyac y Río Zahuapan, que atraviesan los estados de Puebla y Tlaxcala a lo largo de aproximadamente 110 kilómetros.
El hallazgo fue revelado a inicios de febrero de 2026, en el marco del Plan Integral de Saneamiento del Río Atoyac, impulsado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y coordinado por el comisionado especial para el saneamiento del Atoyac, Alejandro Isauro Martínez Orozco.
De acuerdo con el informe preliminar, más del 95 por ciento de las descargas detectadas son de origen domiciliario y municipal, es decir, aguas residuales provenientes de viviendas y sistemas de alcantarillado que carecen de tratamiento adecuado. El resto corresponde a descargas industriales que, aunque en menor número, representan mayor complejidad técnica y legal debido a su nivel de toxicidad.
En el tramo donde se han concentrado los trabajos más recientes se identificaron 319 descargas domiciliarias y cinco municipales, además de puntos industriales actualmente en revisión. También se reportó la identificación de al menos 29 empresas que vierten residuos al Atoyac y que serán sujetas a inspección.
Inversión y reconfiguración del saneamiento
Como parte de la estrategia, el gobierno federal proyecta invertir alrededor de 800 millones de pesos en 2026 para intervenir el segundo tramo del Atoyac. El plan contempla sustituir plantas de tratamiento ineficientes —calificadas como “elefantes blancos”— por una red regional de saneamiento que permita un manejo más integral y coordinado de las aguas residuales.
Las autoridades señalaron que muchas de las descargas detectadas operan sin permiso o fuera de norma, lo que evidencia la magnitud del rezago ambiental acumulado en la región.
Una crisis histórica
La contaminación del sistema Atoyac–Zahuapan es considerada una de las más graves del país. Estudios previos han documentado la presencia de metales pesados, coliformes fecales y contaminantes orgánicos que impactan la salud pública, la actividad agrícola y los ecosistemas en la zona metropolitana Puebla–Tlaxcala.
El diagnóstico busca dimensionar el problema y establecer prioridades para su atención. Sin embargo, especialistas y organizaciones civiles han advertido que el saneamiento avanza con lentitud pese a que el rescate del Atoyac ha sido una promesa recurrente en administraciones federales y estatales anteriores.
Con la identificación de miles de puntos de descarga, el reto ahora no solo será técnico y financiero, sino también político y legal: regularizar, sancionar y transformar un modelo de manejo de aguas residuales que durante décadas permitió la degradación sistemática de uno de los ríos más contaminados de México.
