El PRI en Puebla dio un paso decisivo hacia la renovación de su dirigencia estatal, tras la salida y posterior traición política de Néstor Camarillo. En sesión extraordinaria, el Consejo Político Estatal aprobó que la elección del próximo presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) se realice mediante una asamblea de consejeros, un método que permitirá mantener el control del proceso dentro de las estructuras formales del partido.
La reunión, llevada a cabo en las oficinas del comité estatal, confirmó además que será la dirigencia nacional, encabezada por Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, la encargada de emitir la convocatoria oficial. A su vez, la Comisión Nacional de Procesos Internos conducirá cada etapa del procedimiento.
En la sesión destacó la presencia de Lorenzo Rivera Sosa y su hijo Lorenzo Rivera Nava, quienes, de acuerdo con versiones internas, habrían pactado con la dirigencia nacional que el segundo sea el próximo presidente estatal del PRI.
Participaron 239 consejeros, entre presidentes municipales, regidores, secretarios, exalcaldes y delegados del CDE del tricolor en Puebla.
También estuvieron presentes los exdirigentes estatales Ana Isabel Allende Cano y Pablo Fernández del Campo.
De manera remota participaron la diputada federal Xitlalic Ceja García; el exdiputado Lázaro Jiménez Aquino; Javier Casique Zárate; y el exgobernador Melquiades Morales Flores.
A finales de noviembre, la secretaria general del PRI en el estado, Delfina Pozos Vergara, adelantó que existe la posibilidad de que la renovación llegue bajo una planilla de unidad encabezada por Lorenzo Rivera.
De concretarse este escenario, el tricolor apostaría por un relevo sin fracturas, buscando estabilidad interna y un liderazgo capaz de encarar la etapa de reconstrucción que vive el partido.
El dirigente estatal, Juan José Castro Justo, quien tomó las riendas tras la renuncia de Camarillo, afirmó que este mecanismo busca fortalecer la unidad interna y consolidar al PRI como fuerza opositora en la entidad, en concordancia con la línea de trabajo de la dirigencia nacional.
“El PRI tiene un compromiso con la historia y con México, y es eso lo que nos mantendrá en pie de lucha y nos permitirá reorganizarnos, reagruparnos y trabajar con intensidad junto a la militancia y la sociedad para contar con un partido fortalecido rumbo a los retos de 2027”, señaló.
El tope de gastos para proselitismo quedó limitado al 1% del monto autorizado por el Instituto Electoral del Estado para el PRI, que este año fue de 34 millones 840 mil pesos. Se prevé que el proceso de elección interna pueda iniciar en enero.
Fue el 27 de agosto cuando el senador poblano Néstor Camarillo Medina oficializó su incorporación al Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano (MC) en el Senado de la República, apenas dos días después de renunciar como dirigente y militante del PRI.
Su paso por la dirigencia estatal no solo dejó una crisis interna por los malos resultados en la elección de 2024 —cuando el PRI perdió la zona metropolitana y la Mixteca, conservando únicamente Xicotepec, Zacatlán y Chignahuapan gracias a cacicazgos locales—, sino también una desbandada de militantes que renunciaron para integrarse, en su mayoría, a Morena.
Al abandonar el PRI, Camarillo replicó ese efecto y se llevó consigo a dirigentes estatales y municipales, así como a alcaldes y regidores, para integrarlos al partido naranja. Esto formaría parte de un acuerdo que le garantizaría la candidatura a la alcaldía de Puebla en 2027, ya que en el tricolor, aseguran fuentes internas, no tendría margen para avanzar.
