«Bertha Alcalde»:
Porque declaró que hay 4 personas identificadas como presuntos responsables del asesinato de Ximena Guzmán y José Muñoz. pic.twitter.com/Hg2unyxqGP https://t.co/2aJT8FVwl3— ¿Por qué es Tendencia? (@porktendencia) May 21, 2025
En conferencia de prensa, la titular de la Fiscalía y el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, confirmaron que se trató de un ataque directo, sin margen de improvisación. “Es un hecho con planeación previa, que requirió una inversión considerable de recursos logísticos y humanos”, declaró Alcalde. El perfil del ataque, el uso de una «arma limpia» (sin antecedentes delictivos) y la coordinación de al menos cuatro personas refuerzan la hipótesis de que no fue un crimen común. Fue una ejecución.
Vigilancia quirúrgica: el paso previo
Días antes del ataque, una persona fue captada por las cámaras del sistema C5 merodeando la zona del atentado. No siguió a Ximena ni a José, pero observó. Evaluó horarios, recorridos, hábitos. Así lo detalló Pablo Vázquez.
“Detectamos a una persona que estuvo en el lugar realizando labores de vigilancia, lo que denota un conocimiento previo de la rutina”.
Fue una vigilancia puntual, quirúrgica, sin persecución directa pero con un claro objetivo: saber con certeza cuándo y dónde atacar.
Este detalle marca un punto clave en la investigación. No fue necesario rastrear a las víctimas por días ni interceptar comunicaciones. Bastó con entender sus hábitos.
Tres vehículos y una fuga sincronizada
Después de disparar, el agresor huyó con apoyo externo. La Fiscalía ha identificado a tres cómplices adicionales que operaron vehículos para facilitar la fuga. Uno de estos autos, de acuerdo con la SSC, tenía reporte de robo. Otro habría sido modificado para evitar su rastreo. El tercer vehículo aún está siendo rastreado por las autoridades. La sincronía de la operación sugiere una estructura más amplia detrás de los cuatro sujetos involucrados.
Una investigación sin móvil definido
A pesar del avance técnico en la reconstrucción del ataque, las autoridades no han establecido un móvil claro. No hay indicios firmes sobre los autores intelectuales ni sobre las razones detrás del doble homicidio.
El gobierno capitalino ha evitado especulaciones, aunque el contexto no deja de ser inquietante: Ximena y José eran operadores de alto nivel en un equipo que apenas comenzaba a consolidarse.
La fiscal Alcalde ha reiterado que “no existe aún una línea de investigación concluyente sobre el móvil del ataque”. Mientras tanto, en los círculos de gobierno crece la inquietud.
Impacto en el gabinete y tensión interna
El crimen sacudió a la administración de Clara Brugada, quien apenas había comenzado su mandato como jefa de Gobierno. Ximena era su mano derecha desde que fue alcaldesa de Iztapalapa; José, su operador en temas de interlocución política.
La pérdida de ambos en un solo acto de violencia representa no solo una tragedia personal, sino también un golpe estratégico a la estructura del nuevo gobierno capitalino.
La presidenta Claudia Sheinbaum, visiblemente consternada, se pronunció de inmediato. Ordenó un seguimiento especial al caso y respaldó públicamente a Brugada. El Senado, la Cámara de Diputados y diversas figuras de Morena y la oposición expresaron su condena. La Embajada de Estados Unidos también emitió un mensaje: “Estamos listos para apoyar. Sabemos que los cárteles dominan ciertas zonas del país”.
Los silencios también matan
Uno de los elementos más inquietantes del caso es la ausencia de ruido. No hubo amenazas previas conocidas. No hay un grupo que se haya atribuido el ataque. Tampoco hay filtraciones que orienten hacia un móvil específico.
Los investigadores siguen cruzando datos: los movimientos de los vehículos, las rutas de huida, las conexiones entre los sospechosos. También analizan si hubo intervención de alguna estructura criminal organizada. El perfil técnico de la operación, el tipo de arma, el uso de autos robados y la limpieza de la escena apuntan en esa dirección, aunque aún no hay confirmaciones.
Hasta este momento, lo que se sabe es cómo ocurrió el crimen. Lo que falta por saber es quién lo ordenó, por qué lo hizo y quién más estuvo involucrado. La Fiscalía y la SSC han sido claras: la investigación avanza, pero no hay un cierre cercano. El caso permanece abierto, y el reloj institucional corre con la presión pública encima.
