DOBLE FONDO
Por: Yohan Moreno
La crisis política en Acatlán de Osorio culminó de manera abrupta con las renuncias de la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas y la totalidad de su Cabildo, dejando al municipio en un vacío de poder inédito en la región.
En la política poblana hay salidas dignas, hay destituciones fulminantes y luego está el caso de Acatlán de Osorio: un suicidio político colectivo disfrazado de “sacrificio por la paz”. La dimisión de la exalcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas y su séquito de regidores no es un acto de heroísmo, sino el patético epílogo de un Ayuntamiento que prefirió volar el barco antes que dar la cara.
Durante meses, ocho regidores y un síndico mantuvieron tomado el Palacio Municipal, acusando formalmente a la presidenta de desvío de recursos, obras fantasma y nepotismo. El conflicto escaló hasta el Congreso del Estado de Puebla, que fijó el 10 de septiembre como fecha límite para que los opositores presentaran las pruebas de sus acusaciones y sostener la revocación de mandato.
Pero el Cabildo de Acatlán funcionó meses como un cártel de cuello blanco. Con la bandera de la “transparencia”, armaron escándalo, se apoderaron del Palacio y vendieron la narrativa de los Defensores del Pueblo. Pero estos “próceres” de la Mixteca tienen una valentía con fecha de caducidad. Con la fecha encima a los regidores les temblaron las rodillas, escogieron la puerta posterior y renunciaron un día antes de la audiencia. ¿Por qué huye quien tiene la verdad en las manos? Quizá porque el verdadero conflicto nunca fue la obra pública, sino el berrinche económico por querer cobrar los mismos 78 mil pesos mensuales que la alcaldesa. Una rebeldía de intereses, no de ideas.

Por su parte, la expresidenta emprendió una gira por medios nacionales para defenderse. En sus declaraciones, señaló directamente a “El Peye” líder de la banda de “Los Rojos” , grupo delictivo donde su principal operación es bajo un modelo de delincuencia en las comunicades mediante delitos de alto impacto; de ser los promotores de su caída. Finalmente, entregó su dimisión bajo una lógica que ella misma sentenció: «Si yo me voy, todos nos vamos».
Lupita Bárcenas no es la víctima de esta historia, a pesar de que en su gira por los medios nacionales la quieren pintar como la mártir de la Mixteca. Sacar la carta del crimen organizado es una apuesta de doble filo: Si miente ha utilizado el dolor y el terror real que vive la región para tapar su propia ingobernabilidad. Si la situación es cierta es infinitamente peor: significa que un grupo criminal tiene el poder suficiente para paralizar un Ayuntamiento y obligar a renunciar a una autoridad a plena luz del día.
«Si yo me voy, todos nos vamos», declaró Bárcenas al afirmar su dimisión. Expresión al fast-track que resume a la perfección el nivel del debate político en Acatlán. No hubo diálogo, no hubo política, solo un chantaje mutuo que terminó en un pacto de impunidad. Tú te vas de la silla y yo no presento las pruebas de tu corrupción. En el pacto de silencio todos salen ganando, menos los acatecos.
Actualmente Acatlán se encuentra como un municipio irregular, una condición legal que se da cuando un Ayuntamiento queda completamente sin dirección y sin su gobierno electo. Para evitar el colapso administrativo, el Congreso del Estado de Puebla impuso un Concejo Municipal, que es una figura de emergencia avalada por la ley para asumir las funciones del Ayuntamiento hasta el 2027. Para presidir este Concejo, los diputados nombraron a Ciro Gavilán Domínguez, exalcalde de Huaquechula y quien, hasta hace unos días, operaba como Director de Delegaciones de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) estatal.
Sin embargo, mandar a un operador político del gobierno estatal para asumir este nombramiento de emergencia será únicamente un parche para la herida de bala. Su llegada es la prueba clara de que el Estado tuvo que arrebatarle el volante a la Mixteca ante la monumental incapacidad local.
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