Durante el primer trimestre de este año, Puebla destacó por liderar las estadísticas nacionales en intentos de linchamiento, un reflejo del creciente hartazgo de la población ante la imparable ola de inseguridad que afecta a sus municipios. Sin embargo, esta problemática no se limita sólo a este periodo, toda vez que tan sólo este fin de semana, los focos rojos volvieron a encenderse en dos municipios más, donde seis personas lograron escapar por poco de caer en las manos de la justicia vecinal.
De acuerdo con el informe Galería del Horror: Atrocidades y eventos de alto impacto, de la organización civil Causa en Común, la entidad poblana y Tlaxcala concentraron de enero a marzo de este año más de la mitad de los intentos de linchamiento registrados a nivel nacional, con cinco casos en cada estado, de un total de 17 en el país.
Por otro lado, estados como Quintana Roo y Chiapas reportaron tres y dos casos, respectivamente, lo que en contraste expone que Puebla y Tlaxcala concentraron más del 50 por ciento de los intentos a nivel nacional.
A nivel de linchamientos consumados, Puebla también figura con dos casos en este mismo período, aunque la cifra total de muertes por esta práctica fue más alta en el estado de Campeche, que reportó cuatro casos.
Otras entidades como Guerrero y Tamaulipas también reportaron dos linchamientos consumados cada uno, mientras que Yucatán se sumó con uno, reflejo de la desesperación de la ciudadanía ante la falta de resultados en la lucha contra la delincuencia.

Puebla, en furia
Este fin de semana, los titulares de las noticias no hicieron más que confirmar la creciente tensión social. En Acatzingo, tres personas fueron detenidas por presunto robo de autopartes, y un grupo de ciudadanos, cansados de la delincuencia, intentó lincharlos.
La situación desbordó las calles del municipio, provocando una ola de violencia en la que incluso el Palacio Municipal fue incendiado y tres patrullas destruidas.
El alcalde de Acatzingo, Germán Coleote, no pudo hacer más que condenar los hechos en un mensaje, al manifestar que, aunque entendía el enojo y el miedo de la gente, la justicia no podía alcanzarse a través de la violencia.
“Sabemos que hay enojo, frustración e incluso miedo. Pero también sabemos que la justicia no se construye con violencia. Hoy, más que nunca, necesitamos unidad, sensatez y confianza”, expuso el edil en un comunicado.
Pero Acatzingo no fue el único lugar donde la violencia comunitaria se desbordó. En Tianguismanalco, el robo de una camioneta también desató un intento de linchamiento.
Tras localizar el vehículo robado y encontrar autopartes de otros autos, un grupo de vecinos atrapó a tres personas, las ató y las arrastró por las calles del pueblo.
Los agentes de policía llegaron a tiempo para evitar una tragedia, aunque los habitantes retuvieron a los oficiales en un intento de hacer valer su propia justicia. Fue solo después de un largo proceso de negociación que se lograron entregar tanto a los delincuentes como a los policías retenidos.

