Un apagón total sacudió a Cuba la noche del lunes 16 de marzo, dejando sin electricidad a prácticamente toda la isla —entre 10 y 11 millones de habitantes— en uno de los colapsos energéticos más graves de los últimos meses.
De acuerdo con la Unión Eléctrica de Cuba, la falla se originó por la desconexión completa del Sistema Eléctrico Nacional, derivada de averías en múltiples plantas termoeléctricas. Al menos 9 de las 16 unidades generadoras se encontraban fuera de operación por fallas técnicas o mantenimiento, lo que evidenció la fragilidad del sistema.
El corte de energía se prolongó por más de 29 horas en varias regiones, provocando afectaciones generalizadas: calles a oscuras, interrupción de servicios básicos y protestas espontáneas en ciudades como La Habana, donde se reportaron cacerolazos durante la noche.
Este episodio representa el sexto apagón nacional en poco más de un año y medio, y el tercero en apenas cuatro meses, en un contexto marcado por la escasez de combustible, atribuida en parte a restricciones en el suministro internacional.
El servicio comenzó a restablecerse de forma gradual el martes 17 de marzo, alcanzando cerca del 45% en La Habana hacia el mediodía; sin embargo, persisten déficits que podrían derivar en apagones rotativos.
Mientras el gobierno investiga las causas técnicas del colapso, analistas advierten que el problema responde a una crisis estructural del sistema energético cubano, caracterizado por infraestructura obsoleta, falta de inversión y limitaciones en el acceso a recursos.
