La tarde comenzó a caer cuando la marea morada llegó finalmente frente a la Fiscalía General del Estado de Puebla.
Después de recorrer el Centro Histórico de Puebla, miles de manifestantes del contingente Latido Común se concentraron frente al edificio institucional. Algunas mujeres levantaban el puño; otras sostenían fotografías, flores o carteles con los nombres de víctimas.
El destino de la marcha no era casual. Para muchas, la Fiscalía representa el lugar donde se exige justicia.
Frente a las rejas del inmueble comenzaron a instalarse tendederos de denuncia, donde las participantes colgaron hojas con relatos de violencia, agresiones o casos sin resolver. Cada papel era una historia. Cada historia, una herida abierta.
Las consignas se intensificaron:
“¡Justicia!”
“¡Ni una más!”
En medio de la concentración, un grupo de manifestantes realizó pintas en mobiliario urbano y trató de romper los vidrios de una estación del sistema de transporte RUTA Puebla, lo que generó momentos de tensión.
Sin embargo, la movilización no se dispersó. La mayoría de las participantes permaneció frente a la Fiscalía, cantando consignas y recordando a las víctimas.
Algunas mujeres comenzaron a encender velas.
Otras, a abrazarse.
Minutos después, varias manifestantes colocaron pancartas de protesta en el suelo y les prendieron fuego, un acto simbólico que marcó el cierre de la jornada.
Las llamas iluminaron por unos segundos las consignas escritas sobre cartulina: nombres, reclamos y frases contra la violencia de género.
Alrededor, las voces seguían repitiendo los mismos mensajes que habían recorrido toda la ciudad durante el día:
Justicia. Memoria. No más feminicidios.
Mientras el humo se disipaba frente al edificio de la Fiscalía, muchas mujeres permanecieron ahí unos minutos más, observando en silencio.
Era el final de la marcha.
Pero para ellas, la lucha continúa.
