La ofensiva militar conjunta de Israel y Estados Unidos contra objetivos estratégicos en Teherán provocó la muerte del líder supremo iraní, Ali Khamenei, y abrió una nueva etapa de confrontación en Medio Oriente.
Tras el ataque, el liderazgo fue asumido por su hijo, Mojtaba Khamenei, quien ordenó una respuesta militar inmediata contra intereses estadounidenses en la región, incluido un ataque contra un centro de inteligencia en Riad.
De acuerdo con la Media Luna Roja, los bombardeos han dejado más de 700 muertos, entre ellos menores de edad, lo que ha generado condenas internacionales y llamados urgentes a un alto al fuego.
Irán también advirtió a las naciones europeas que cualquier apoyo a la ofensiva será interpretado como un acto de guerra. Desde España, el presidente Pedro Sánchez manifestó su rechazo a la escalada y defendió la vía diplomática como única solución viable.
Uno de los movimientos más relevantes fue el cierre total del estrecho de Ormuz, corredor marítimo clave para el suministro energético global. La restricción —que permite únicamente el tránsito de embarcaciones chinas— podría impactar de manera directa en el precio internacional del petróleo y generar efectos económicos a escala mundial.
La comunidad internacional observa con preocupación una crisis que combina liderazgo político, represalias militares y consecuencias humanitarias y energéticas sin precedentes recientes en la región.
