En la Sierra Norte, el agua llegó sin pedir permiso. Primero fue el ruido, después vino el golpe seco del lodo arrastrando todo: casas, árboles, animales, vidas. En cuestión de minutos, la lluvia que caía desde el jueves por la noche se volvió una furia incontenible.
Fue así que, las calles de 38 municipios y 66 localidades se transformaron en ríos, los caminos se partieron y las comunicaciones se perdieron. Entre las calles anegadas, un hombre se aferra a su techo en Huauchinango. Se llama Alejandro y por más de 24 horas vivió ahí, junto a sus perros.
Su casa quedó completamente inundada y desde arriba, se ve apenas el tejado. Alejandro no quiso ir al albergue, no pudo dejar a sus animales. En un video que circula en redes se le ve quieto, mojado, abrazando a sus mascotas y desde ahí no habla, sólo resiste.

En otro video se ve a un hombre con pico y pala en el mismo municipio. Se dice que busca a su familia entre los escombros de un deslave por día y noche con la esperanza de encontrarlos, al menos sin vida.
Unas calles más adelante, otras familias viven el mismo encierro forzado. Son 12 hogares atrapados en la comunidad de Tlalcoyunga, donde el agua los obligó a subir a los techos. El gobernador Alejandro Armenta informó que la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina alistan las maniobras para sacarlos.
Pero en el terreno, mientras los cuerpos de rescate organizaban los operativos, los vecinos ya trabajaban por su cuenta: se ayudan sin maquinaria ni rutas seguras, pero con una convicción que el agua no logró ahogar.
En Xicotepec, el tigre del zoológico Parque Animalia había escapado. El río San Marcos arrasó con su refugio y el animal se perdió entre los árboles, aunque el presidente municipal, Carlos Barragán Amador, pidió calma.
Durante dos días nadie durmió tranquilo. Pero al amanecer del sábado, el alcalde confirmó lo que muchos temían: el tigre fue hallado sin vida, atrapado entre raíces y escombros: “Afortunadamente no causó daño a nadie”, dijo.
El cuerpo del animal fue descubierto por un trabajador, sepultado bajo los restos del deslave y fue, de algún modo, otro rostro de la tragedia.

Más al norte, en Tlacuilotepec, la historia es igual de dura. Las comunidades quedaron aisladas sin caminos, sin energía eléctrica ni señal telefónica: Temazcalapa, La Loma de la Colmena, Buena Vista e Itzatlán, son solo algunas.
La tragedia alcanzó a todos sin distinción: en el hospital de La Ceiba, en Xicotepec, una recién nacida fue evacuada tras la inundación del Hospital IMSS-Bienestar, pero falleció horas después de su rescate. Desde su nacimiento presentaba complicaciones: bajo peso, asfixia neonatal y diagnóstico de Síndrome de Guillain-Barré, por lo que necesitaba ventilación asistida.
Durante la emergencia por las lluvias, el hospital quedó sin luz y sin oxígeno. Médicos y enfermeros intentaron mantenerla con vida de forma manual mientras el agua inundaba el área de maternidad. A pesar de haber sido trasladada posteriormente al Hospital Regional de Xicotepec y luego a Tlaxcala, la pequeña murió por un paro cardiorrespiratorio.

Entre el caos, hubo algo que surgió sin que nadie lo ordenara: la respuesta de la propia gente: comerciantes, empresarios y consultores de la región comenzaron a moverse por su cuenta.
Algunos pusieron de su dinero para comprar víveres, otros prestaron maquinaria para abrir caminos o limpiar accesos bloqueados. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Héctor Sánchez Morales, confirmó que el sector privado se sumó al esfuerzo.
“Las cámaras ya tienen diferentes contingencias: la CMIC ya envió maquinaria al norte, la Coparmex, la Cámara de Gráficos, la de seguros van a tener centros de acopio, la del transporte está dispuesta a mandar ayuda hacia el norte, y claro que el sector empresarial está sumado”, aseguró.
La resistencia
Las lluvias que azotaron la Sierra Norte durante los últimos días transformaron el paisaje completamente: calles cubiertas de lodo, casas destruidas y familias que ahora buscan refugio en albergues improvisados. Lo que para muchos fueron noches de tormenta, para cientos de pobladores se convirtió en el momento más duro de su vida.
Noé Solís Leyva, uno de los afectados, resumió lo vivido con una frase que repiten muchos en la región: “un desastre natural nunca antes visto”. Y pese al dolor por las pérdidas, reconoció la respuesta inmediata de las autoridades estatales y el respaldo a las familias que lo perdieron todo.
Entre quienes lograron ponerse a salvo está Bernarda Morales: “Estábamos durmiendo cuando nos avisaron que saliéramos; el agua ya me llegaba aquí”, dijo, recordando el momento en que la lluvia del jueves por la noche convirtió su vivienda en un torrente, al perder todos sus enseres y con tristeza admitió que desde 1999 no se vivía una contingencia de esa magnitud.
En la comunidad de Patoltecoya, en Huauchinango, Bernarda Hernández observó los restos de lo que antes fue una casa: “El cerro se venía abajo y los vecinos llegaron espantados; gracias a Dios pudimos ayudar”, contó, luego de que su vivienda resistió, pero la convirtió en refugio para quienes no corrieron con la misma suerte.
A su lado, Alma Yasmín Cruz Francisco intentó rescatar lo poco que el lodo no se llevó: “Toda el agua se metió dentro de nuestra casa. Nos quedamos sin muebles, sin camas, sin nada”, relató. Ambas mujeres compartieron de viva voz al gobernador Alejandro Armenta el miedo que sintieron aquella madrugada y la gratitud de seguir con vida.

En la colonia El Aguacatal, una explosión provocada por un calentador de gas agravó la emergencia tras el desbordamiento de un afluente. Rafaela Galindo contó que el agua se llevó un tanque de gas de un negocio aledaño y provocó la detonación. A pesar de haber perdido todo, agradeció seguir viva.
Entre las escenas más conmovedoras está la de Maricarmen Zaragoza, responsable del refugio Esperanza Canina Huauchinango. Ella acudió a la colonia La Paz, una de las más afectadas por los deslaves, para buscar a los animales bajo su cuidado.
En una de las casas sepultadas vivían ocho perros junto a su dueña; siete, al igual que la mujer, siguen desaparecidos. Solo “Popeye” y un gato fueron rescatados con vida.

Maricarmen, que vive cerca y se dedica a vender velas aromáticas, fue avisada de madrugada: “Yo rescataba a perritos en condiciones extremas: atropellados, con cáncer y maltrato. Me avisaron en la noche que el agua se había llevado todo, iba a venir una persona con transportadoras, pero ya nada más queda él y el gatito”, contó entre lágrimas.
El impacto de la tormenta dejó a varias comunidades aisladas, sin luz ni señal de teléfono. Caminos destruidos, cultivos perdidos y escasez de alimentos son parte de la crisis.
«Perdí todo, mi casa está hecha un desastre», relató la señora Antonia Flores. Con tristeza, comenta que salió de su vivienda junto con sus hijos y su esposo para salvar sus vidas.
«Gracias a Dios logramos salir. Sí se escuchó y se vio muy feo». Señaló que, una vez instalado el albergue, acudieron al lugar y han recibido atención con calidez. Les proporcionaron alimentos, agua, ropa, un catre y cobijas para dormir en familia.
Eduardo Romero, presidente municipal de Pahuatlán, difundió un video grabado con antena satelital para pedir ayuda: “Pahuatlán no tiene luz ni conectividad, los alimentos ya los empezaron a encarecer y ya no tenemos, solo comida para mañana”.
Mientras tanto, la solidaridad no se detuvo. El presidente municipal de Huauchinango, Rogelio López Angulo, agradeció el envío de dos mil despensas por parte del Ayuntamiento de Puebla y el DIF capitalino, encabezado por MariElise Budib.
El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, dedicó su misa dominical a las familias afectadas: “Oremos por los que han muerto, por las familias que están sufriendo, que no permanezcamos indiferentes a sus necesidades”, expresó desde la Catedral.
