A 57 años de la matanza estudiantil de 1968 en Tlatelolco, la Ciudad de México volvió a ser escenario de una marcha multitudinaria que recorrió el trayecto entre la Plaza de las Tres Culturas y el Zócalo capitalino. La convocatoria partió del Comité 68 Pro Libertades Democráticas, agrupación que año con año organiza esta jornada de memoria. Sin embargo, al llegar al primer cuadro de la capital, la protesta se tornó violenta con la irrupción de encapuchados que confrontaron a elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).
Los contingentes estudiantiles habían partido a las 16:00 horas con el objetivo de honrar a las víctimas del 68 y demandar justicia en otros casos emblemáticos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la represión del 10 de junio de 1971 y la llamada guerra sucia. Este año se sumaron también consignas por el fin de la guerra en Palestina y contra la crisis de desapariciones en México.
Horas antes de la llegada del contingente, el Gobierno capitalino colocó vallas metálicas alrededor de Palacio Nacional y edificios aledaños. La presidenta Claudia Sheinbaum justificó esta medida en su conferencia matutina: “Cuando hay grupos que usan artefactos peligrosos y buscan incendiar la puerta de Palacio, es mejor poner barreras físicas para evitar confrontaciones directas. No se trata de impedir una manifestación pacífica”, aseguró.
El ambiente cambió al ingreso de los denominados bloques negros, que comenzaron a lanzar piedras y objetos contra la policía en las inmediaciones de la Plaza de la Constitución. Testigos registraron el uso de bombas molotov que provocaron incendios sobre uniformados, auxiliados de inmediato por sus compañeros. En una de las escenas más crudas, un agente fue derribado y golpeado en el suelo hasta que brigadistas de Marabunta y observadores de derechos humanos lograron dispersar la agresión.
Los choques se extendieron durante más de media hora. Mientras los policías usaban extintores para apagar las llamas, algunos manifestantes denunciaron el uso de gas lacrimógeno para dispersar al grupo. A la par, encapuchados ingresaron a pequeños comercios y tiendas de conveniencia, donde prendieron fuego y se llevaron mercancías. Se reportaron daños en una joyería y ataques con petardos contra edificios como la Catedral Metropolitana y el Palacio Postal.
El saldo preliminar arroja más de 70 policías heridos, entre ellos al menos siete con lesiones de gravedad, uno por quemaduras. No hay aún cifra oficial sobre civiles lesionados ni sobre los daños a comercios. Las autoridades locales y federales no han emitido un reporte consolidado y hasta el cierre de la jornada ni la presidenta Sheinbaum ni la jefa de Gobierno, Clara Brugada, habían fijado postura.
A unos metros de la confrontación, en el Zócalo se desarrollaba el acto central convocado por el Comité 68. Integrantes de colectivos de familiares de desaparecidos, organizaciones estudiantiles y sindicatos se reunieron para escuchar intervenciones que reivindicaban la memoria de los jóvenes asesinados en Tlatelolco. El mensaje insistió en la necesidad de acceso pleno a la verdad histórica y reparación integral para las víctimas.
Durante su discurso matutino en Tlatelolco, la jefa de Gobierno Clara Brugada subrayó que “este gran movimiento estudiantil está vivo” y trazó un paralelismo con otras luchas sociales contemporáneas. En un giro simbólico, vinculó la memoria del 68 con la defensa de Palestina y con la exigencia de justicia en México: “Nuestra ciudad, siempre pacifista, estará al lado de las víctimas de la guerra y de la opresión, como nos enseñaron las y los jóvenes del 68”.
La marcha de este año muestra, una vez más, la compleja dualidad de la conmemoración: un acto masivo de memoria y justicia intercalado con episodios de violencia que desvían el foco hacia los enfrentamientos. El Comité 68 reiteró que su objetivo sigue siendo preservar la memoria y exigir justicia, mientras que organizaciones de derechos humanos demandaron garantías para la libre manifestación sin criminalización.
