El presidente de Estados Unidos informó que las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo que se comercializarán en el mercado estadounidense, volumen que calificó como crudo de alta calidad y autorizado, en un anuncio difundido mediante Truth Social, donde detalló que la operación avanzará de forma inmediata.
Según el mandatario, el dinero obtenido por la venta del crudo quedará bajo su control con el argumento de garantizar un uso en beneficio tanto del pueblo venezolano como de Estados Unidos, planteamiento que introduce un esquema excepcional de administración de recursos energéticos extranjeros desde Washington y que no precisó mecanismos de supervisión ni contrapesos.
Trump indicó que solicitó al Departamento de Energía ejecutar el plan de inmediato y señaló que el secretario Chris Wright coordinará la logística para el traslado del petróleo en buques de almacenamiento hacia muelles de descarga en territorio estadounidense, sin definir un calendario específico.
El anuncio se produjo tras la captura de Maduro el 3 de enero en una operación militar en Caracas y zonas aledañas que dejó más de cincuenta muertos, hecho que abrió un vacío de poder y derivó en el reconocimiento inmediato de Rodríguez como interlocutora por parte de la administración estadounidense, junto con la exigencia de acceso total al crudo y otros recursos.
Washington afirmó que la autoridad provisional coopera con Estados Unidos, mientras Rodríguez expresó disposición a una agenda conjunta sin abandonar la exigencia de que Maduro regrese al país, lo que mantiene una tensión política abierta sobre la legitimidad del arreglo y su impacto en la soberanía venezolana.
Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, aunque especialistas advirtieron que la producción se mantuvo muy por debajo de su potencial por sanciones y falta de inversión, contexto que vuelve significativo el volumen anunciado frente a la capacidad operativa real del país.
Empresas petroleras estadounidenses como Chevron y ExxonMobil manifestaron interés en reactivar actividades bajo control estadounidense, al considerar la operación como una vía para asegurar suministro y ampliar negocios, en un escenario marcado por la redefinición forzada del sector energético venezolano.
