Por las calles aledañas a los mercados Hidalgo e Ignacio Zaragoza, vecinos y comerciantes conviven con un problema regular: hay sectores donde el agua llega pocos días a la semana, colonias en donde cae en ocasiones, y otros más donde el servicio se suspende por completo sin ninguna explicación.
El problema, a decir de la concesionaria Agua de Puebla, la empresa Soapap y su director, Gustavo Gaytán Alcaraz, se encontraría en que cada año se extraen ilícitamente más de 850 mil metros cúbicos en la Angelópolis, además de que los mercados –que tienen bajo su usufructo organizaciones comerciales como la 28 de Octubre–, han sido los responsables de este desabasto.
“Hay un uso no autorizado de agua en estos mercados; es una extracción que no está regulada ni medida. Este tipo de prácticas agravan el problema del suministro en la ciudad”, advirtió Gaytán Alcaraz en su reciente comparecencia.
Habitantes de colonias como la 20 de Noviembre, son quienes más sufren los estragos de una concesionaria que no se hace cargo del servicio de suministro de agua y de organizaciones comerciales como la 28 de Octubre que han lucrado con el poco servicio que llega a través de los mercados donde operan.
“En mi colonia solo cae agua los martes y jueves, a veces el sábado si no es día festivo o hay alguna complicación. Incluso hace un mes hubo escasez y durante toda una semana no cayó agua en los días debidos y cayó hasta el domingo de esa semana”, recordó Patsi Castrillo, vecina de la zona del mercado Hidalgo.
Señaló además las dificultades para reclamar: dijo que los vecinos ya advierten la existencia de problemas con los comerciantes del mercado y que, por la dinámica social y de poder en la zona, muchos optan por no confrontar abiertamente.
En sus palabras, la convivencia con la carencia de agua y la mala condición de la infraestructura es ya una rutina que afecta a muchos de los vecinos de forma silenciosa, pues la confrontación con organizaciones comerciales los dejaría en una posición de desventaja.
“Muchos vecinos tienen que usar reservas de agua o comprar pipas. Cuando llega el agua, a veces sale sucia. Las alcantarillas están tapadas, el pavimento deteriorado y la limpieza de las calles es mala, la zona alrededor del mercado está muy descuidada”, declaró.
Frente a este escenario hay varias capas que confluyen: una insuficiencia en la infraestructura y la inversión por parte de Agua de Puebla (tema que el gobierno estatal ha señalado); prácticas ilegales de aprovechamiento del agua denunciadas por Soapap; y un entorno urbano deteriorado que agrava la percepción y la calidad del servicio.
El problema no es nuevo. Por ejemplo, se reportó que más de 150 colonias en la capital poblana ya sufrían desabasto o escasez en 2022. Y ese mismo año, la Central de Abasto reflejó un adeudo de 30 millones de pesos, por lo que Concesiones Integrales cortó el suministro, según difundió La Jornada de Oriente.
En febrero de este mismo año, en al menos seis colonias —Granjas del Sur, Puebla Textil, San José Chapulco, 16 de Septiembre, Lomas del Sur y Loma Bella—, vecinos denunciaron que Agua de Puebla para Todos dejó sin servicio del vital líquido sin previo aviso, lo que coincidió con ser colonias cercanas a mercados como el Independencia.
En colonias como La Popular, Emiliano Zapata, Castillotla, Pinos, Mayorazgo y San José Mayorazgo, los vecinos bloquearon la avenida 11 Sur por falta de agua, al señalar que el desabasto llevaba desde un año anterior.
La situación se agrava al considerar que en julio, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) detectó la existencia de pozos clandestinos de agua, en 11 municipios del estado de Puebla en 2024, colocando a la entidad en el quinto lugar con más perforaciones de este tipo.
De acuerdo con un reporte elaborado por el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal (Igavim), a nivel nacional, el informe indica que se detectaron 292 pozos de agua clandestinos, mientras que, en Puebla, contabilizaron 20 distribuidos en 11 municipios.
Concretamente en el municipio de Tehuacán, Conagua identificó que se estaban usando pozos clandestinos para abastecer entre 200 y 300 pipas de agua, lo que el informe calificó como “robo de agua».
Detrás de los testimonios y las inconformidades se esconde una de las principales razones del desabasto: el “huachicoleo de agua”, además de que el acaparamiento de este servicio se inserta en un contexto más amplio: en al menos 13 de los 30 mercados municipales existen registros de cobro de piso y versiones sobre venta de drogas al menudeo, lo que agrava el abandono.

La crisis invisible
En la entidad, el acceso al agua potable se convirtió en un problema estructural que ni los convenios modificatorios ni las promesas de modernización han logrado resolver. Hoy, solo 15 por ciento de los usuarios tiene servicio continuo; el resto vive entre tandeos, baja presión y cobros irregulares.
Detrás de cada llave seca se esconde una cadena de deficiencias que van desde el saqueo clandestino del líquido hasta la sobreexplotación de los acuíferos del Valle de Puebla.
Durante su comparecencia ante el Congreso, Gaytán Alcaraz reconoció que el sistema enfrenta una doble fractura: por un lado, los conflictos sociales que impiden la perforación de pozos en municipios como Xoxtla, Cuautlancingo y Coronango; y por otro, el consumo irregular que se mantiene fuera de control en mercados, industrias y fraccionamientos que nunca fueron regulados.
El huachicoleo de agua, como ocurre en los mercados Hidalgo e Ignacio Zaragoza, no solo representa un robo directo al sistema, sino una presión constante sobre las redes que abastecen a colonias como Tepeyac, López Mateos, Los Pinos y Santa María la Rivera.
Según sus cálculos, el consumo ilegal asciende a más de 850 mil metros cúbicos anuales, un volumen suficiente para abastecer a miles de familias que hoy reciben agua apenas dos o tres días por semana.
A ello se suma un panorama más profundo: el abatimiento de los mantos acuíferos redujo la producción en 16 pozos y representó una pérdida estimada de 6 mil 874 metros cúbicos al año. El acuífero del Valle de Puebla, sobreexplotado desde hace décadas, ya no responde al ritmo del crecimiento urbano ni a la expansión de desarrollos inmobiliarios.
Soapap admitió que, para garantizar el abasto mínimo de cuatro días a la semana, serían necesarios 300 litros por segundo adicionales, cifra que hoy parece inalcanzable.
El problema no es solo de volumen, sino también de calidad: más de 30 mil giros industriales contaminantes descargan sus residuos sin control en la zona metropolitana, especialmente en el norte, donde operan talleres metalmecánicos, textiles y químicos, así como cada año vierten 5 millones de metros cúbicos de agua contaminada, lo que deteriora aún más el ciclo hídrico del que depende la ciudad.
A pesar de los discursos optimistas, la red de abasto apenas cubre ocho de cada diez hogares y la mayoría depende del tandeo. En los hechos, la concesión del servicio a Agua de Puebla, presentada hace casi doce años como una solución integral durante el morenovallismo, dejó un saldo de más de 26 mil quejas, retrasos en la atención de fugas y un sistema financiero endeudado.
El propio Gaytán reconoció que “solo el 15 por ciento de los usuarios tiene servicio continuo”, una frase que resumió el fracaso de una política hídrica que se sostuvo en promesas y que hoy sigue cobrando factura a los poblanos y al Gobierno del estado.
