La caída de Gabriel N, mejor conocido como El Tato, no solo representa la captura de un narcomenudista más dentro de la estructura criminal que opera en la zona metropolitana de Puebla. Su detención, más bien, permitió asomar la radiografía de un personaje que durante meses se movió con absoluta familiaridad en los antros, bares y centros nocturnos de Puebla, Cholula y Cuautlancingo, donde explotó un modelo de violencia discreta: las amenazas.
Aunque fue asegurado apenas esta semana en la colonia 10 de Mayo, –sitio que ganó fama en los últimos años por ser centro de operaciones de narcomenudistas como El Grillo–, su nombre ya era viejo conocido entre dueños de centros nocturnos, administradores y de manera particular, entre bailarinas que trabajaban en estos negocios.
Las denuncias lo ubicaban no solo como vendedor de droga, sino como un cobrador de piso que exigía cuotas y quienes lo trataron, por obligación y no por elección, lo describían como un hombre que mezclaba un trato volátil con la convicción de saberse impune.
Una de las piezas que facilitó su plena identificación fue un audio que empezó a circular semanas antes de su captura: una grabación breve en la que un hombre, con música de banda de fondo, arremetía con amenazas contra una bailarina que había cuestionado la procedencia de la droga que él supuestamente distribuía.
“Te voy a enseñar lo que es coca y dedíquese usted a putear en vez de andar diciendo pendejadas… Cierre el hocico, ya le dije, voy a ir por usted”, se escucha en la grabación atribuida a El Tato.
Ese audio, acompañado de otros testimonios, permitió a las autoridades contrastar lenguaje y patrones con las investigaciones por extorsión que ya se acumulaban en distintos municipios.
A la par, empresarios del giro nocturno habían reportado que el sujeto solía presentarse armado y acompañado de envoltorios de droga que él mismo intentaba colocar. Su producto era fácilmente reconocible: sobres pequeños color negro, marcados con una “T” en dorado.
La importancia de El Tato tomó otra dimensión tras el ataque en el bar Lacoss el pasado 30 de octubre, donde seis personas murieron en el lugar y una más falleció posteriormente en el hospital.
Desde los primeros días, los investigadores apuntaron hacia disputas por control de droga y posibles actos de extorsión, además de que la presencia de El Tato en esa red no era una hipótesis improvisada: varios trabajadores del giro nocturno lo habían ubicado previamente en la zona de influencia del establecimiento.
El Lacoss arrastraba ya un historial complicado. En 2023 fue investigado por presuntos casos de trata y según reportes periodísticos, acumulaba incidentes de violencia.
Con su detención, la Fiscalía abrió una línea de investigación directa que lo colocó no solo como operador del narcomenudeo, sino como posible actor intelectual y material del ataque.
Su participación, de confirmarse, permitiría entender la lógica detrás de un crimen que sacudió al sector nocturno y que dejó víctimas como el cadenero Carlos Ata, las bailarinas Carmen Hortensia y Karen N. –de origen cubano– y José Miguel Santiago Aguilar, quien murió un día después por las quemaduras del incendio.
La captura de El Tato ocurrió durante un operativo coordinado entre la SSP estatal, Guardia Nacional, Marina, Sedena y la SSC municipal. De acuerdo con la fiscal Idamis Pastor Betancourt, El Tato fue interceptado en el momento preciso en que aparentemente entregaba droga a otra persona que logró escapar.
En el vehículo en el que se trasladaba, así como entre sus pertenencias, los agentes hallaron distintas dosis de narcóticos y cartuchos de uso exclusivo del Ejército y en un intento por evitar su aseguramiento, ofreció dinero a los uniformados, lo que le sumó una acusación por cohecho además de las imputaciones relacionadas con narcomenudeo.
La colonia donde fue detenido no es menor en la historia del crimen en Puebla: por años fue el bastión de José Christian N., El Grillo, figura central del narcomenudeo en Puebla que murió en 2023 en prisión.
Con la aprehensión de El Tato, considerado por la SSP como pieza importante e incluso señalado como presunto autor intelectual y material del ataque, se espera que la carpeta avance hacia el esclarecimiento de todos los involucrados, toda vez que los videos apuntan a 3 sujetos que huyeron a bordo de dos motocicletas tras cometer el incendio en el bar Lacoss.
