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septiembre 23, 2025
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La podredumbre naranja (estampas del Yunque y el ex achichincle de Alito)

A Néstor Camarillo Medina solo le bastaron unas semanas para demostrar que su verdadera fuerza como político radica en su amplísima capacidad para echar a perder los partidos políticos que toca.

Ahí está el caso del PRI, instituto al que convirtió en un cadáver político a base de malas decisiones, sospechas de corrupción, traiciones, agandalle de candidaturas y el putrefacto amasiato que suscribió con el Yunque burocrático, encabezado por Eduardo Rivera Pérez.

Tras sumir al priismo poblano en una crisis de la que difícilmente podrá recuperarse, el oriundo del municipio huachicolero de Quecholac hizo otra de las cosas que mejor saber hacer: darle una patada a su antigua casa y buscar una nueva fuente para el lucro político.

Fue así que hace unas semanas llegó a Movimiento Ciudadano.

Unos aseguran que su arribo al partido naranja fue producto de una mera traición hacia su mecenas Alejandro Moreno Cárdenas, a quien no le vio más futuro que habitar detrás de unos barrotes carcelarios a raíz del pleito casado que trae con la Cuarta Transformación.

Otros sostienen que su salida del PRI, y por ende del Grupo Parlamentario en el Senado de la República, fue una decisión pactada con Alito, a fin de que sirviera como ariete para que el dirigente nacional ampliara su influencia en la oposición y desde ese espacio desplegar una defensa en caso de persecución judicial y política.

Sea una u otra cosa, Néstor Camarillo demostró que es capaz de lo que sea con tal de seguir colgado de la ubre partidista, pero con un nuevo matiz: construir su ruta para la candidatura a la gubernatura en 2030.

Para demostrar que todavía le queda algo de fuerza, mandó a llamar a sus incondicionales priistas, algunos muy “queridos” y cercanísimos, para que se incorporen a las filas naranjas.

Con el apoyo de varias focas aplaudidoras —sobre todo uno que pretende meterse a la nómina del partido como operador de medios— vendió ese movimiento como una gran operación política.

Lo cierto es que se trata del cascajo que queda en el PRI, con excepción de dos o tres cuadros cuya principal fortaleza es su amplia sospecha de estar coludidos con el crimen organizado.

Una vez concretado ese movimiento, Néstor Camarillo ahora pretende rescatar a su socio de pillerías: Eduardo Rivera.

Ambos comparten la misma esencia política: Su única lealtad es con ellos mismos, apestan a sospechas de corrupción y son especialistas en sumir a los partidos que dirigen o controlan a su peor crisis político-electoral de la que se tenga memoria.

Camarillo Medina supone que la incorporación de Eduardo Rivera a MC le granjeará la sumatoria de cuadros panistas en todo el estado, lo que resulta en una torpeza, ya que si existe un panista que carece de base social y militante en el PAN es precisamente el exalcalde.

Rivera Pérez y la panda de inútiles que lo rodean dejaron un partido plagado de resentimientos, traiciones y maltratos. Cómo estará de grave el asunto que el mismo exalcalde realiza en este momento las giras y recorridos que nunca hizo como aspirante ni como candidato.

En realidad, Néstor Camarillo lo que quiere es salvarle el pellejo a su aliado ante el inminente proceso jurídico que se iniciará en su contra por el cochinero que las auditorías Superior del Estado y Superior de la Federación encontraron en sus cuentas públicas.

Eduardo Rivera enfrenta, en este momento, sospechas de quebranto financiero por mil 771.4 millones de pesos de los ejercicios fiscales 2022 y 2023.

A esto se suma el otro cochinero financiero con el que contribuyó su sucesor en el Ayuntamiento de Puebla y el velador más caro del municipio, Adán Domínguez Sánchez.

La estrategia de victimización que pudiera montarse alrededor de Rivera Pérez serviría, además, para fortalecer el discurso de persecución hacia a la oposición por parte de Morena y la 4T.

En lo que Néstor Camarillo no ha caído en cuenta es que Eduardo Rivera es un político timorato que, ante cualquier sospecha de peligro, sencillamente lo dejará vestido y alborotado con toda su estrategia.

Ese es su ADN y no cambiará.

Pronto, muy pronto, Camarillo también podrá comprobar que el panismo está lejos de apoyar al exalcalde y que en muchos municipios esperan el momento para cobrarle todas las facturas pendientes.

Tampoco debe perder de vista que Rivera Pérez no meterá un solo peso de su bolsa para esta nueva aventura. La tacañería yunquista es ampliamente conocida y comprobada hasta por aquellos que debían ser apoyados por un simple sentido de supervivencia.

A lo sumo, Rivera Pérez puede aportarle una que otra intermediación política, pero nada que el propio exedil de Quecholac o la misma estructura de MC no pueda realizar por sus propios medios.

Para colmo, el exedil de Puebla tampoco es muy bien visto en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, de ahí que tiene poco que aportar en una alianza de grandes vuelos.

Lo que sí debería preocuparle al senador es que su necedad de querer sumar a quien se pueda al MC ya comenzó a fastidiar a la actual dirigente estatal Fedrha Suriano Corrales, quien ha tenido que salir a dar la cara para justificar el arribo de políticos impresentables que poco aportan y solo generan mala fama al partido naranja.

Aguas, porque el verdadero peligro que MC pueda enfrentar se encuentra adentro del mismo partido.

 

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