Tel Aviv y Teherán entraron en una fase crítica del conflicto este 13 de junio, después de que el gobierno israelí confirmara una serie de ataques a gran escala sobre instalaciones militares y nucleares en Irán. La respuesta fue inmediata: el régimen persa calificó la operación como una “declaración de guerra” y prometió una represalia en múltiples fases. El primer ministro Benjamin Netanyahu reveló que la orden de atacar fue emitida desde noviembre de 2024, tras el asesinato del líder de Hezbolá, Hasán Nasrala.
La ofensiva dejó un saldo preliminar de al menos 70 personas muertas y más de 300 heridas, incluyendo altos mandos militares iraníes y seis científicos nucleares. Entre los fallecidos están el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami, el jefe del Estado Mayor, Mohammad Bagheri, y el general Gholam Ali Rashid. En su primer mensaje, el nuevo líder de la Guardia, Mohammad Pakpur, advirtió que “se abrirán las puertas del infierno”.
Israel justificó los ataques como una acción preventiva para frenar el programa atómico iraní, señalando que en los últimos meses Teherán habría acelerado sus actividades tras la ruptura del eje de alianzas en la región. Las Fuerzas de Defensa israelíes confirmaron una segunda oleada de bombardeos dirigida a misiles tierra-tierra en el centro y noroeste de Irán, con ayuda de inteligencia de precisión.
El impacto no tardó en repercutir a nivel global. Irán solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) convocó una sesión extraordinaria para el lunes. Aunque es poco probable que Israel enfrente sanciones, la presión diplomática crece. La Unión Europea, China, Alemania y Arabia Saudí exigieron desescalar de inmediato.
Donald Trump respaldó a Israel y lanzó un mensaje amenazante: “Irán debe llegar a un acuerdo antes de que no quede nada”. A través de su red Truth Social, se refirió al ataque como un acto de justicia contra los “líderes radicales muertos ahora”.
El conflicto también generó alteraciones en el transporte y los mercados. Lufthansa suspendió vuelos a Teherán, Tel Aviv y Beirut hasta nuevo aviso. Las bolsas asiáticas y europeas cayeron ante la incertidumbre, mientras el precio del petróleo y el oro se dispararon. El cierre de embajadas israelíes en todo el mundo refuerza la percepción de que la región podría encaminarse a una guerra abierta.
Grupos como Hamás y Hezbolá ya manifestaron su respaldo a Irán. El primero calificó la ofensiva como una “escalada peligrosa”, mientras el segundo advirtió que Israel ha cruzado “todas las líneas rojas”, con consecuencias para la estabilidad regional.
