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abril 21, 2025
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Inteligencia artificial y drones vigilan elección del nuevo papa

El Vaticano activa tecnología de guerra electrónica y vigilancia extrema para blindar la elección del sucesor de Francisco, fallecido a los 88 años tras más de una década de pontificado.

La muerte de Francisco activó el protocolo de seguridad más riguroso de la Santa Sede para un nuevo cónclave. En menos de 20 días, los cardenales deberán reunirse para elegir al sucesor de Jorge Mario Bergoglio, quien asumió el pontificado en 2013 y falleció a los 88 años.

Desde 2005, la prohibición del uso de teléfonos celulares dentro del recinto marcó el inicio de una nueva era en los protocolos de confidencialidad. Para 2025, los desafíos se han multiplicado ante un mundo digitalizado y vigilado desde el espacio. La prioridad es doble: garantizar la seguridad de los asistentes y asegurar el secreto absoluto del proceso de votación.

La Ciudad del Vaticano, con una extensión de apenas 0.44 kilómetros cuadrados, se convierte en un búnker electrónico. Las zonas donde se hospedan y deliberan los cardenales quedan completamente aisladas mediante inhibidores de señal que bloquean cualquier tipo de transmisión vía radiofrecuencia. La medida neutraliza posibles micrófonos ocultos, dispositivos móviles o computadoras infiltradas.

A ello se suma un estricto control de acceso. Las instalaciones donde se lleva a cabo el cónclave son inspeccionadas durante varios días previos en busca de tecnología espía. Cada asistente autorizado es revisado dos veces, incluyendo a los propios cardenales, para impedir que entren aparatos de grabación o comunicación.

La protección contra ojos indiscretos incluye medidas físicas. Las ventanas de los dormitorios y salas de deliberación son cubiertas con películas opacas que impiden cualquier visualización desde el exterior. Estas películas bloquean la observación por parte de drones o satélites de alta resolución, capaces incluso de identificar rostros o leer los labios desde el espacio.

Dentro del Vaticano operan dos cuerpos encargados de la seguridad. La Gendarmería Vaticana, responsable de la vigilancia interna, y la Guardia Suiza Pontificia, que funciona como ejército. Aunque sus uniformes recuerdan tiempos pasados, sus integrantes están entrenados en tácticas modernas y armados con equipo de alto poder.

En la última elección papal, en 2013, ya se habían aplicado estrategias de resguardo similares, aunque menos sofisticadas. Hoy, los riesgos tecnológicos son mayores.

La vigilancia con satélites militares, el espionaje mediante inteligencia artificial, y la difusión inmediata de cualquier filtración en redes sociales obligan al Vaticano a mantener un nivel de alerta inédito.

El número de asistentes a la elección papal será limitado, pero se espera que unas 200 mil personas acudan a la ciudad-Estado cuando se anuncie al nuevo pontífice.

Mientras tanto, los cardenales permanecerán incomunicados, sin acceso al mundo exterior hasta que concluyan las votaciones.

El secreto del cónclave, bajo penas que incluyen la excomunión y prisión, sigue siendo una regla inviolable. La elección del papa es también una operación de inteligencia y blindaje.

 

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