En el arranque de la jornada marcada por el sorteo del Mundial de Norteamérica 2026, la FIFA abrió un capítulo inesperado al anunciar la creación del Premio de la Paz y entregar su primera edición al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una ceremonia encabezada por el presidente del organismo, Gianni Infantino.
La figura del mandatario apareció en el escenario minutos antes de la conformación de los grupos, donde Infantino explicó que el reconocimiento nació para distinguir aportaciones que impulsen la pacificación global en zonas de conflicto y posicionen al futbol como instrumento de cooperación entre países.
La exposición de motivos describió que Trump mostró “acción extraordinaria” en la búsqueda de acuerdos en Gaza, en la región del sudeste asiático, en partes de África y en el frente ucraniano, según los argumentos leídos por el titular de la FIFA ante los delegados y representantes de las federaciones nacionales.
La entrega del premio provocó un giro en el tono habitual del sorteo, pues la ceremonia transitó de la expectativa deportiva a un mensaje diplomático que colocó al Mundial como puente político y cultural en un contexto marcado por tensiones geopolíticas diversas.
En su intervención, Infantino afirmó que la distinción buscó resaltar el empeño del presidente estadounidense para que el futbol adquiriera un papel más visible en la escena internacional, al promoverlo como mecanismo de diálogo y entendimiento entre gobiernos con posiciones enfrentadas.
Según el dirigente, la cooperación con Estados Unidos se fortaleció de manera consistente desde la confirmación de la triple sede compartida entre México, Canadá y Estados Unidos, al grado de que la organización de torneos y la coordinación logística con la federación estadounidense avanzaron bajo una relación más estrecha.
A partir de esa sinergia, la FIFA enmarcó que la política exterior del presidente contribuyó a allanar rutas para la diplomacia deportiva, en un momento en que la institución intenta proyectar una imagen renovada frente a críticas persistentes sobre gobernanza y decisiones controvertidas.
La ceremonia subrayó que el premio respondió también al rol del presidente norteamericano en la estructuración inicial del Mundial, dado que impulsó encuentros para destrabar asuntos organizativos, especialmente los relacionados con infraestructura, seguridad, visados y movilidad de selecciones, patrocinadores y cuerpos técnicos.
Infantino afirmó que este componente administrativo reforzó la idea de que la Copa del Mundo debe reflejar el potencial del futbol como catalizador social y como espacio para construir condiciones de paz duradera, aun cuando los conflictos armados sigan activos en múltiples regiones.
El auditorio recibió el anuncio con reacciones divididas, pues algunos representantes expresaron sorpresa ante la instauración de un galardón sin antecedentes, presentado sin debate previo entre las federaciones integrantes que, por estatuto, suelen intervenir en este tipo de definiciones.
El organismo argumentó que la decisión siguió una facultad interna que le permite establecer reconocimientos especiales cuando se trate de “aportaciones excepcionales a la comunidad global del futbol”, categoría en la que ubicó las gestiones diplomáticas atribuidas al mandatario estadounidense.
El acto añadió una dimensión política a un evento que normalmente se limita al sorteo deportivo y encendió un debate inmediato sobre la pertinencia de otorgar un premio de paz desde una institución que ha enfrentado cuestionamientos por su rol en países con conflictos sociales o tensiones por derechos humanos.
Con la entrega del premio, la FIFA buscó proyectar la imagen de un ente capaz de respaldar iniciativas que, a su juicio, contribuyen a la estabilidad internacional, al tiempo que posiciona a Estados Unidos como socio estratégico en la etapa previa al torneo de 2026.
La intervención de Trump se limitó a un agradecimiento breve, mientras se mantenían en pantalla imágenes alusivas a la Copa del Mundo, un gesto que reforzó la narrativa del organismo sobre la supuesta vocación pacifista del futbol en contextos adversos.
En el cierre del acto, Infantino sostuvo que el nuevo premio se convertirá en un referente anual para reconocer acciones que favorezcan la solución pacífica de disputas y que la FIFA planea integrar un mecanismo consultivo para definir candidaturas futuras, aunque no ofreció detalles sobre su composición o método de evaluación.
