En 2024, el estado de Puebla volvió a colocarse en el mapa nacional de la pobreza. Con 43.4 por ciento de su población en situación de pobreza multidimensional, la entidad ocupó el quinto lugar nacional, sólo detrás de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, según el más reciente análisis del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En otras palabras, casi uno de cada dos poblanos enfrenta carencias severas que van desde la falta de ingresos suficientes hasta la ausencia de servicios básicos para vivir con dignidad.
Junto a Puebla, otros estados que fueron integrados en la lista de pobreza multidimensional son Chiapas, con 66.0 por ciento; Guerrero, con 58.1 por ciento; Oaxaca, con 51.6 por ciento y Veracruz, con 44.5 por ciento.
A nivel nacional, 38.5 millones de personas están atrapadas en esta condición, y Puebla carga con una proporción que, si bien no es la peor del país, la mantiene como un foco rojo constante en el centro de México.
La fotografía es aún más dura cuando se habla de pobreza extrema: el 7.3 por ciento de la población poblana, equivalente a casi 500 mil personas, sobrevive con lo mínimo, ubicándose también en el quinto lugar nacional.
En este rubro, los líderes indiscutibles son Chiapas (27.1 por ciento), Guerrero (21.3 por ciento) y Oaxaca (16.3 por ciento), pero el hecho de que Puebla aparezca en la misma lista reveló un problema estructural difícil de erradicar.
El rostro de la pobreza
El acceso a la salud es una de las heridas abiertas más profundas. El año 2024 reveló que Puebla, junto con Chiapas y Michoacán, encabezó los porcentajes más altos de población sin acceso a servicios de salud, ya sea públicos o privados.
Esto significa que miles de poblanos no tienen dónde acudir en caso de enfermedad grave, embarazo o accidente.
Aunque a nivel nacional la carencia por servicios de salud disminuyó en los últimos dos años al pasar de 39.1 por ciento en 2022 a 34.2 por ciento en 2024, la situación en zonas rurales de Puebla sigue siendo crítica: casi la mitad de sus habitantes del campo carecen de cobertura médica, contrastando con un 30.1 por ciento en áreas urbanas.
En municipios serranos y comunidades alejadas, los consultorios más cercanos pueden estar a horas de distancia y muchas veces, sin personal o medicamentos.
Se trata de uno de los rubros más sensibles, toda vez que Puebla se colocó en el segundo lugar nacional —sólo después de Chiapas— en la medición de carencias por acceso a estos servicios, lo que significa que 3.12 millones de personas no tienen un lugar donde atenderse ante algún padecimiento.
Esta carencia va de la mano con otra casi igual de importante: la seguridad social. Con un 67.7 por ciento de su población sin acceso a este derecho, Puebla ocupó el cuarto lugar nacional en esta carencia, lo que significa que 4.4 millones de personas carecen de prestaciones laborales, seguro médico o protección en caso de enfermedad o retiro.
Solo Chiapas (76.4 por ciento), Oaxaca (73.9 por ciento) y Guerrero (72.6 por ciento) presentan cifras más altas. La raíz del problema se encuentra en el mercado laboral: aunque el número de personas ocupadas en el país pasó de 55.2 millones en 2016 a 62.8 millones en 2024, el empleo formal creció lentamente.
El rezago educativo es otro de los eslabones que mantienen a Puebla en esta cadena de desigualdad. Con 22.7 por ciento de su población en esta condición, que equivalen a alrededor de 1.4 millones de personas, el estado ocupó el sexto lugar nacional.
Esto significa que uno de cada cinco poblanos mayores de 15 años no ha concluido la educación básica, una situación que frena el acceso a empleos mejor remunerados y perpetúa ciclos de pobreza. Chiapas con 34 por ciento, Oaxaca con 30.5 por ciento y Guerrero con 28.3 por ciento de población con rezago educativo encabezan este ranking.
Las condiciones de vivienda también son un espejo incómodo. En calidad y espacios habitacionales, Puebla ocupó el noveno lugar nacional: el 10.7 por ciento de sus habitantes –708 mil 700 personas–, vive en casas con materiales precarios o hacinamiento.
En acceso a servicios básicos como agua entubada, drenaje y electricidad, el estado repite la novena posición, con un 18.8 por ciento de su población, es decir, 1.2 millones en esta situación. Chiapas, Guerrero y Oaxaca concentran los mayores porcentajes.
En cuanto a carencia a la alimentación nutritiva y de calidad, Puebla se posicionó en el séptimo lugar nacional, con un 17 por ciento de la población, equivalente a 1.1 millones de personas en inseguridad alimentaria.
Esto significa que, para estas familias, llevar comida suficiente y saludable a la mesa es un reto diario, mientras que estados como Tabasco, Guerrero y Oaxaca encabezan el problema a nivel nacional.

Un hoyo al bolsillo
La dimensión económica tampoco ofrece un respiro, toda vez que el ingreso corriente total per cápita promedio mensual en Puebla es de apenas 5 mil 732.22 pesos corrientes, una cifra que lo coloca por debajo de la media nacional y en el sexto lugar entre las entidades con menores ingresos, esto, sumado al alto grado de informalidad laboral, crea un terreno fértil para que las carencias persistan.
En tanto, el llamado coeficiente de Gini, que mide la desigualdad del ingreso, mostró una ligera mejoría a nivel nacional, pasando de 0.431 en 2022 a 0.420 en 2024.
Sin embargo, Puebla fue una de las excepciones: aquí la brecha entre quienes más tienen y quienes menos poseen se amplió.
Mientras estados como Nayarit y Aguascalientes lograron avances, en Puebla la desigualdad creció, al igual que en entidades como Colima, Jalisco, Querétaro, Tlaxcala y Nuevo León, lo que significa que los beneficios del desarrollo económico el año pasado no llegaron por igual a todos los sectores.
La esperanza de un respiro
Aun con todo, hay un dato que podría interpretarse como una luz al final del túnel: entre 2022 y 2024, Puebla logró reducir de forma significativa la brecha de ingresos entre la población en pobreza extrema y aquellos que no son pobres ni vulnerables.
En 2022, estos últimos ganaban 11.8 veces más que los primeros; para 2024, la diferencia se redujo a 5.5 veces. No es una cifra ideal, pero representa el recorte más importante en años, considerando que en 2016 esa razón era de 7.3 veces y llegó a dispararse hasta 12.4 veces en 2020.
Este avance puede deberse a programas de apoyo directo, incrementos en el salario mínimo y cierta reactivación económica en sectores del estado, como la agroindustria, el turismo y la manufactura.
Buscan abatir rezago en salud
Con los recientes datos del INEGI, donde Puebla enfrenta uno de los retos más críticos en materia de salud, que es reducir la carencia en acceso a servicios médicos y su afectación a 3.12 millones de personas, principalmente en zonas rurales, el gobierno de Alejandro Armenta anunció este jueves el fortalecimiento de sus programas de atención gratuita y la ampliación de las Jornadas de Salud “Por Amor a Puebla” a fines de semana.
En menos de 250 días de administración, la Secretaría de Salud estatal ha llevado 14 jornadas a igual número de municipios, registrando cerca de 45 mil atenciones y practicando 264 cirugías gratuitas mediante un quirófano itinerante que recorre comunidades apartadas.
El gobernador apuntó que la meta es “llevar los servicios médicos hasta el último rincón del estado”, por lo que los operativos de salud incluirán sábados y domingos para alcanzar a familias que por motivos laborales no pueden acudir entre semana.
En materia preventiva, la entidad reportó que durante la más reciente Semana Nacional de Vacunación superó la meta establecida con un avance del 113 por ciento en los Servicios de Salud del estado y del 99 por ciento a nivel sectorial.
Además, se han distribuido más de 401 mil insumos médicos a hospitales del IMSS-Bienestar y en coordinación con este organismo, el plan incluye la rehabilitación de quirófanos, el abastecimiento de medicamentos y la modernización de infraestructura hospitalaria.
El gobierno estatal sostuvo en un comunicado que la estrategia no solo busca atender padecimientos existentes, sino también prevenir enfermedades y reducir la desigualdad que existe entre zonas urbanas -donde el 30.1 por ciento carece de cobertura médica- y áreas rurales, donde la falta de atención alcanza a casi la mitad de la población.

