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octubre 12, 2025
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Dos lluvias, dos tragedias, dos presidentes, dos gobernadores  

(La tragedia de la década, el aséptico Moreno Valle, Sheinbaum, Armenta y el tigre)

I

Habían pasado nueve días desde que la tragedia —vestida de lluvias, deslaves, muertos, desaparecidos, llanto— sepultó la Sierra Norte.

Era 11 de octubre de 1999. Ernesto Zedillo, con el lodo cubierto hasta las rodillas, recorría sin reparos la zona devastada en la Sierra Norte.

Los reportes de especialistas y meteorólogos de sobrada reputación no daban crédito que, en menos de 72 horas, en la boscosa y selvática zona había caído la mitad del agua que cae en un año.

Las consecuencias lo confirmaron: 263 muertos, decenas de desaparecidos, destrucción en 81 municipios.

El parte oficial dijo que fue la depresión tropical número 11, pero la gente sabía que se trataba del cordonazo de San Francisco.

Acompañado del gobernador Melquiades Morales Flores, el presidente de México constataba con sus propios ojos la destrucción, el dolor, los incansables trabajos de rescate de personas todavía sepultadas bajo el lodo.

Lo que vio, lo llevó a declarar que estábamos frente a “la tragedia de la década”.

Ese lunes, en el que por momentos el sol caía a plomo y en otros los cirros y altocúmulos daban tregua momentánea, los ojos del país estaban puestos sobre Teziutlán, el municipio que se volvió icónico por una colonia popular, conocida como La Aurora, que las lluvias convirtieron en un santiamén en el sepulcro de obreros maquiladores.

Un alud, que se forjó a consecuencia de años y años de acumulación de tierra que se extraía del panteón ubicado en el pico de la ladera, colapsó. Decenas de familias quedaron sepultadas.

Sí, la vida confirmó una vez más su ironía: en La Aurora, los muertos habían sepultado a los vivos.

Testigos relataron que minutos después de que se desgajara el cerro artificial todavía era posible escuchar gritos tenues de personas que clamaban por ayuda debajo de la tierra.

Ese lunes, el mandatario federal, así como su comitiva, reporteros, familiares de los desparecidos, curiosos y chismosos, no sabían que a su paso por la zona no había certeza si pisaban tierra firme o el sitio donde yacía aún los cuerpos sepultados.

 

II

11 de octubre de 1999. El salón del Club de Leones de Teziutlán había sido habilitado como el recinto en que el Estado mexicano daría cuenta del saldo de la Tragedia de la Década.

Toda la plana mayor estaba allí: El presidente, el gobernador, los presidentes municipales, secretarios de Estado, el Ejército, Protección Civil, periodistas nacionales y locales.

Casi todos compartían una cosa en común: la sorpresa por la tragedia que presenciaron y ropas salpicadas de lodo que todavía olían a muerte.

Pero, entre el mar de gente que acudía al recinto teziutleco, una figura se erguía peculiar.

Vestido de una impecable camisa blanca de hilo fino, un pantalón negro sin mácula, zapatos que brillaban por su lustre y una brillante hebilla de oro, Rafael Moreno Valle Rosas, secretario de Finanzas y Desarrollo Social, esperaba impaciente a que sus jefes arribaran al sitio.

Rodeado por una camarilla de empleados de gobierno, que impedían cualquier contacto fuera del círculo protector, el funcionario no podía ocultar el rictus de desagrado por estar en la zona.

Toallitas húmedas y gel antibacterial para limpiarse las manos eran suministrados todo el tiempo por su séquito.

Eran tiempos en que el aséptico Moreno Valle encabezaba el poderosísimo Grupo Finanzas, una camarilla de Chicago Boys, forjados en Harvard, Yale u otras universidades del extranjero, que habían tomado a la Secretaría de Finanzas como su bunker desde el que pretendían enquistarse en la gubernatura.

Como es de imaginar, al nieto del defenestrado general Moreno Valle ni por asomo se le ocurrió salir de su círculo de protección de achichincles.

Ni el lodo con olor a muerte, ni el llanto o la tragedia tocaron a sus ojos.

Mucho menos sus limpias manos o su impecable vestimenta.

III

10 de octubre de 2025. La tragedia, vestida de lluvias, derrumbes, muerte y llanto, sorprendió una vez más a la Sierra Norte.

Esta vez no fue un solo fenómeno climático el que trajo las lluvias torrenciales sino tres (“Jerry”, “Raymond” y una depresión tropical) que dejaron como saldo, hasta el momento, 10 personas fallecidas, 38 municipios afectados y más de 80 mil damnificados.

A diferencia de hace 26 años, ahora casi todos pudimos ver en “tiempo real” lo que ocurría en la zona.

Las redes sociales atestiguaron, ya sea con videos, imágenes o transmisiones en vivo, la furia del agua desbordada, la incertidumbre de las familias en busca de sus familiares desaparecidos, personas atrapadas en los tejados de su casa; el desalojo de pacientes de hospitales colapsados, la explosión de un ducto a consecuencia de las inundaciones.

También vimos, a diferencia de la Tragedia de la Década, que estaba vez no hay asépticos funcionarios, estilo Moreno Valle, al frente del gobierno del estado.

 

IV

Viernes 10 de octubre de 2025. Alejandro Armenta Mier sube al helicóptero que lo llevará a la zona de la tragedia. En su poder hay datos fiables sobre la magnitud del desastre y la necesidad de que acuda in situ a coordinar los trabajos de salvación, atención y, principalmente, a dar certeza a la población de que la autoridad está ahí para apoyarlos.

En cascada, secretarios, subsecretarios, directores y demás integrantes involucrados en las tareas de atención de la emergencia se trasladaron a diferentes puntos de la Sierra Norte, porque las lluvias lo mismo han afectado Huauchinango o Xicotepec que Teziutlán o Pantepec.

El vicealmirante Francisco Sánchez González se convirtió, sin protagonismos, en el segundo al mando. Su expertise en este tipo de contingencias resulta valiosísima para las tareas de salvamento.

El parte oficial es que más de 3 mil elementos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, Ejército mexicano, Marina, Guardia Nacional, Protección Civil estatal y federal, Pemex, entre otros, se encuentran desplegados en la zona. Todos ellos coordinados por Alejandro Armenta.

La prioridad es salvar a la gente, llevarlos a los refugios temporales, buscar los cuerpos de las personas que se sospecha han sido sepultados por los derrumbes o se encuentran varadas, abrir caminos varados, quitar los derrumbes; limpiar casas, salvar lo que quede y lo que se pueda.

Las primeras imágenes que se conocen sobre el hospital de La Ceiba son impactantes. El agua colapsaba casi todo el nosocomio, mientras que los pacientes eran desalojados y trasladados -algunos, vía área- a otros centros de Puebla y Tlaxcala.

En esa vorágine de noticias saltó el caso de una menor recién nacida, ingresada por tener Síndrome de Barre, que fue trasladada de urgencia para salvarle la vida. El gobierno del estado dispuso de un helicóptero para este tipo de emergencias y el traslado fue un éxito. Por desgracia, a los pocos días, la menor perdió la lucha contra su enfermedad.

En Huauchinango, el parte oficial da cuenta de ocho personas desaparecidas a consecuencia de un derrumbe, es decir, están sepultadas o el lodo las llevó a un sitio desconocido.

La atención se centra también en esa zona. El problema: caminos bloqueados que imposibilitan el acceso y el desbordamiento de los ríos que destruyen todo a su paso: casas, vialidades, árboles.

Un video recoge las escenas de cómo el río Chiquito reclama su cauce y rompe las paredes de una casa ubicada en la calle “Julio S. Hernández”. Entre los cientos de metros cúbicos que saltan a borbotones van combinados agua de lluvia y residuos sanitarios, es decir, excremento y orines.

Las imágenes se acumulan. Colonia por colonia da testimonio de la furia líquida.

“Ayuda”, es la palabra que salta por todas partes.

El gobernador comienza el recorrido para no dejar ningún punto sin visitar.

Un momento aparece en La Ceiba, luego en Huauchinango. Una vez más en reunión informativa, otras en conferencia de prensa.

El primer día de la tragedia, el mensaje es un camino que se bifurca: La prioridad es el rescate de las familias, ponerlas en lugar seguro, que acudan a los albergues, desalojen las zonas de riesgo, alimentarlos, resguardarlos; lo mismo que la apertura de caminos.

La otra vía es la seguridad de que contarán con todo el apoyo y que el censo de afectaciones será parte de la segunda etapa.

La petición de resguardo no era menor. Un testimonio difundido por Rafaela Galindo, de Huauchinango, daba cuenta del peligro: El desbordamiento del río Tenería comenzó a inundar las viviendas y, en un momento, el tanque de gas se fue con el agua hasta que terminó por explotar y destruir una vivienda.

“Gracias a Dios no hubo ninguna muerte, logramos salir a tiempo, toda la familia salió”, relató la afectada.

“Vamos a arreglarles la vivienda, si se puede reconstruir lo vamos a hacer y si no, los vamos a poner en otro lugar, con las mismas condiciones para que ustedes estén seguros. Y todos los enseres de todas las familias que han afectadas, se va a atender”, fue la respuesta con la que se quedó Rafaela.

 

V

A las 13 horas de este pasado viernes, en Palacio Nacional se sabe que las lluvias torrenciales se extienden a Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí, Querétaro y Veracruz. Poco después se sabría que las afectaciones se extendían a 647 kilómetros de carreteras y caminos, eso sin contar puentes afectados, rutas rurales y, sobre todo, las “víctimas fatales” de la tragedia.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo mantiene comunicación permanente con gobernadores y secretarios de Estado. Varias reuniones evaluación se ponen en marcha durante ese día y los subsecuentes.

Todos están avocados a atender la tragedia.

Los malquerientes de la 4T están a todo lo que dan en redes sociales intentando lucrar con la tragedia.

Son los tiempos en que las redes sociales son la mejor y la más pusilánime de las armas que tenemos.

Una vez más, la vileza y la solidaridad se asoman al mismo tiempo.

 

VI

El sábado 11 de octubre, Alejandro Armenta sumó otro día in situ en la emergencia. Visitó cada una de las zonas afectadas. Lo mismo se le vio en uno u otro municipio. En La Ceiba, por ejemplo, la gente se aferra a su palabra de que no quedaran en la orfandad. En Huauchinango, los afectados le piden apoyo en medio del llanto. Hombres y mujeres se quiebran por igual.

Armenta los abraza, los consuela.

El mandatario aparece frente a reuniones informativas en explanadas, en las casas de los afectados.

La instrucción sigue siendo la misma: irse a los albergues, desalojar las zonas de riesgo. La prioridad es salvaguardar a las familias y reactivar los caminos.

En la casa de los damnificados de Huauchinango, las escenas de la desgracia son evidentes. Donde antes había una cocina, ahora existe un boquete. El agua todavía alcanza unos 10 centímetros.

“No se preocupen por las cosas físicas”, es el llamado del mandatario. “Las casas se van a reponer, pero están vivos, entonces, están bien, hay quienes están enterrados porque el cerro se desgajó”, lanza el gobernador. La expresión de los afectados cambia radicalmente. El rictus de preocupación da paso a un asentimiento con la cabeza de quien está convencido que todo está bien pese a que el patrimonio se perdió.

“Nadie va a quedar solo, aquí estoy con ustedes”, es el compromiso que alivia un poco el alma.

 

VII

Hay momentos en que una sola imagen provoca un vuelco inminente al pasado y todo lo que eso implica.

Puebla 2007. El huracán Dean deja cinco muertos y daños severos en 74 municipios, especialmente en la Sierra Norte.

En ese tiempo, Moreno Valle andaba muy orondo en el Senado de la República construyendo su proyecto político rumbo a la gubernatura de la mano de la cacique magisterial Elba Esther Gordillo Morales.

Todos sabían que quería, pero veían imposible su llegada a Casa Puebla.

El sueño se lo cumplió su amigo Felipe Calderón, a quien no tardó mucho en traicionar, una vez que dejó la presidencia de la República.

Enrique Peña Nieto era quien realmente interesaba a Moreno Valle.

El PRIAN en su máxima expresión.

 

VIII

Desde que ocurrió la Tragedia de la Década, los daños a consecuencia de las lluvias no habían generado tanto escozor como cuando, en 2016, el huracán Earl tocó tierra poblana.

El parte oficial: 36 fallecidos, más de mil viviendas dañadas, 35 cortes en carreteras y caminos vecinales, 11 puentes colapsados, 6 centros de salud con daño estructural, 23 comunidades incomunicadas por el desbordamiento de 6 ríos.

En total, 5 municipios, incluidos 9 barrios desparecidos por aludes, resultaron perjudicados. La cifra valuada: 2 mil 044 millones de pesos en perjuicios.

Sin embargo, lo que más se recuerda de esa época no es la tragedia sino el desaseo en el manejo de recursos por parte del gobierno de José Antonio Gali Fayad, antigua mano derecha de Rafael Moreno Valle, quien pese a montar un show de atención a las víctimas, no pudo tapar el escándalo que se desató tras conocerse que las viviendas construidas para los afectados eran de pésima calidad.

En total, 450 millones de pesos quedaron en duda sobre su verdadero uso.

El hoy finado Gerardo Islas Maldonado, morenovallista de hueso colorado y entonces secretario de Desarrollo Social, era uno de los señalados.

IX

La noticia causó asombro inaudito y una risa irónica.

Un tigre, encerrado en el zoológico Animalia, ubicado en Xicotepec, se escapó debido a que las lluvias causaron destrozos en el sitio.

El centro de reclusión animal es propiedad del alcalde Carlos Barragán Amador y no es la primera vez que se encuentra en medio de un escándalo.

Parado frente de una cámara, con la cara llena de angustia, presa del temor a sabiendas del escándalo que esa situación traería, el edil relata: “Traigo la muy grande preocupación y quiero alertar a los pueblos aledaños a Animalia, que un tigre, al derribarse su encierro, este, fue, anda libre y, entonces, eso me tiene muy con cuidado porque sé que son un animalito, son animales, ellos son animales feroces, animales que deben estar encerrados y al estar libres hay un peligro inminente”.

“Son un animalito”, dice Carlos Barragán.

Y prosigue: “Quiero alertar a la población y que me ayuden. En el momento que vean el avistamiento que nos puedan informar a cualquier policía municipal, a cualquier marino, a cualquier personal del Ejército mexicano, a cualquier militar, a, este, cualquier autoridad, ya todos saben, ya a todos les he comunicado, para que podamos ir a hacer la captura. Les pido a la gente que me ayude, este, estar alerta en primera, cuidar de su familia, estar bien encerrados y ahora voy a enviar personal para que con drones me ayuden todo lo aledaño ahí, porque ahí están las huellas, para que podamos tener este método de seguridad”.

Lo que el alcalde quiso decir es que ante el escándalo bien vale el apoyo del gobierno para ayudarlo, a pesar de que su principal prioridad debería ser la atención de los afectados y apoyo a la gente, porque lo importante que el tigre que se le escapó “son un animalito” y son “feroces”.

Mi compañera Ilse Contreras relata otro punto importante sobre lo que Carlos Barragán no quiere que sepamos:

“Activistas y organizaciones ambientalistas han denunciado que «Animalia Parque ZoolóXico», administrado por el propio ayuntamiento, opera sin supervisión adecuada y lucraría con la cría y exhibición de animales salvajes, como tigres de Bengala, hipopótamos y primates.

“La activista poblana Olimpia Coral Melo acusó públicamente a Barragán Amador de promover la explotación de fauna silvestre, al exhibir crías separadas de sus madres para tomarse fotografías con turistas, niños y adultos mayores, incluso durante eventos oficiales del DIF municipal encabezado por su esposa, Ely Ortiz de Barragán.

“‘Se trata de normalizar la utilización de animales en nombre incluso de «ayudar a la gente». Tienen changuitos bebés con pañales, paseándose por oficinas. Todo presumido en sus redes sociales’, denunció la activista”.

Esa denuncia, por cierto, le valió para que el alcalde enviara a sus sicarios digitales a tundirle a la activista en redes sociales y columnas.

X

“¡¿Alguien va a evacuar?!” “¡Secretaría de Marina!”. El grito es lanzado por un marino que camina de manera complicada por una zona inundada. Con el agua hasta el pecho, el hombre está en busca de personas que quedaron atrapadas por el desbordamiento del río Pantepec, ocurrido desde la madrugada del viernes pasado.

“Sí, acá”, se escucha la voz a un hombre a lo lejos.

“Necesito que se acerquen a la orilla”, responde el marino, quien voltea rápidamente en busca de sus compañeros para que lo auxilien. “Embarcación”.

A lo lejos también se escucha la voz de alguien que parece ser una menor de edad pidiendo ayuda.

“Levanta la mano”, le grita el marino. “Ya vamos”.

En esa zona, 11 familias permanecieron por más de 48 horas en los techos de sus casas en espera de que alguien los rescatara. Las labores para llegar a ellos habían sido tan complejas que los marinos tuvieron que habilitar lanchas rápidas especiales como única vía posible para el salvamento.

XI

Domingo 12 de octubre de 2025. Después de más de 48 horas de mantenerse en estado de alerta y coordinar los trabajos para atender la emergencia, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió ir al encuentro del dolor.

En sus zapatos y pantalones quedó impregnado el lodo que, en algunas comunidades como Huauchinango, siguen oliendo a muerte y tragedia.

El rostro de preocupación de la presidenta lo dijo todo y quedó registrado en imágenes y videos.

En Huauchinango, Sheinbaum se abrió paso calle por calle. Charló, abrazó, se solidarizó con los deudos y afectados; escuchó a quienes se refugiaron en los albergues y a quienes trabajan para atender a los afectados.

Su arribo es natural, sin poses.

Un video refleja esa naturalidad y rechazo a los formalismos. A su llegada a Huauchinango, varios soldados pretendieron hacer una cadena de seguridad. Claudia Sheinbaum los ataja. “No es necesario”, dicta.

Uno de los oficiales de rango del Ejército lanza la orden: sin vallas, sin restricción, dejen a la gente que se acerque.

La presidenta, además, llegó al corazón de la tragedia en la Sierra Norte con el anuncio que todos querían escuchar: comenzará el censo de afectados, todos serán apoyados, la reconstrucción es un hecho y nadie quedará solo.

A los deudos, el cobijo del Estado; a todos los afectados la mano de solidaridad y apoyo para que nadie quede en el desamparo.

Y es que la palabra desamparo es la hija bastarda de la tragedia que nadie quiere padecer.

Claudia Sheinbaum lo sabe, lo manifiesta y ataja el temor.

¿Ahora qué sigue? La propia mandataria lo explicó:

“A partir del censo se van a empezar a dar los apoyos, primero va a venir un primer apoyo para limpieza y después van a venir los siguientes apoyos a partir de las necesidades: si se perdió toda la vivienda pues va a ser un tipo de apoyo; si se perdió una parte, va a ser otro tipo de apoyo; si perdieron a un ser querido también va a haber apoyos adicionales para que ustedes o la parte de la familia pueda atender a las menores, a los menores, también los puedan estar atendiendo.

“Entonces, primero es el censo y a partir del censo son todos los apoyos que ustedes van a recibir, a nadie se va a dejar desamparado”.

La instrucción está en marcha.

El apoyo ha quedado sellado.

La jefa del Estado de mexicano fue al corazón de la tragedia, sintiendo el dolor, con los zapatos y pantalones con lodo que huele a muerte y miedo.

XII

El domingo también fue el día en que otro presidente fue exhibido en su propia condición.

Rogelio López Angulo, un auténtico saltimbanqui de la política local, es la tercera ocasión que funge como alcalde de Huauchinango. Ya lo fue por el PRI-Verde, después se acogió al partido Nueva Alianza y, en un auténtico caso de la picaresca poblana, logró que Morena le diera cobijo, pero sin dejar de llevar las siglas del satélite creado por Elba Esther Gordillo.

Su tercer periodo ha sido francamente desastroso. La gente lo sabe y este fin de semana decidió echárselo en cara. Lo que el edil nunca esperó fue que el enojo del pueblo explotara frente a la jefa del Estado mexicano.

Después de escuchar las quejas y enfado de la población, López Angulo -conocido como Lord Hamburguesa, por su adicción a extender permisos a diestra y siniestra para la instalación de puestos callejeros de esa comida- intentó justificar que sí estaba trabajando, que sí atendía a los afectados, que sí era buen alcalde.

Pero, la presidenta Claudia Sheinbaum le propinó el peor golpe que haya recibido en su carrera política.

“Usted me dice que trabaja, la gente me dice que no, la verdad es que yo prefiero creerle a la gente”.

Asunto zanjado.

Claudia Sheinbaum 1.

Rogelio López, retirado por nocaut.

 

XIII

La presidenta de México hizo de Puebla su principal centro de atención de la tragedia. En la Ceiba lo mismo escuchó el parte oficial sobre el hospital afectado y habló directo con la población.

Todos serán apoyados, fue el mantra que cobijó a los afectados.

La respuesta fue inmediata: agradecimiento, abrazos de los pobladores.

 

XIV

Alejandro Armenta, sin decirlo, le demostró una vez más a sus críticos que la pala y el pico, la faena y el tequio siguen siendo el arma más valiosa para un gobierno.

Allí donde la tragedia acaba de tocar, no se necesitan las suntuosas obras que sus detractores le demandan a toda hora, como si el Complejo de Moreno Valle, es decir, la variante poblana del Síndrome de Estocolmo, los aprisionara.

Leo en un grupo de WhatsApp: Ojalá y los apoye porque aquí no ha hecho nada.

Quien lo escribe, se olvida que si la ciudad es un caos se lo debemos a un gobierno emanado del PAN, cuyo titular es investigado por un presunto desfalco superior a los mil 700 millones de pesos.

La memoria es flaca, no así el odio de una clase media privilegiada hacia el gobierno en turno.

Lo que ignoran es que en las comunidades afectadas por las lluvias no necesitan las obras de relumbrón o faraónicas que su amado Moreno Valle utilizó para engañar a los poblanos de que estaba haciendo bien las cosas. (Hoy se sabe que en cada edificación hay un abismo de corrupción y/o un modelo que hipotecó las finanzas del estado por décadas, todo por una enfermiza ansia presidencial que solo sumió a Puebla en la deuda).

No, lo que ahora demandan los damnificados es justo el programa de maquinaria que el gobierno del estado puso en marcha desde hace varias semanas. Una especie de centros logísticos que permiten la atención de caminos y vialidades al estar ubicados en centros estratégicos.

Son los mismos módulos de maquinaria con el que la administración estatal ha llevado a cabo o está en proceso de rehabilitación y/o reconstrucción de mil 200 calles, es decir, unos 64.5 kilómetros.

Las comunidades afectadas tampoco necesitan el dispendio de los gobiernos del PRIAN en hospitales que no sirven o solo son el cascarón. Necesitan la Obra Comunitaria para el rescate de escuelas, calles, iglesias, parques que han quedado destrozados por las lluvias.

Las faenas son el pan nuestro de toda comunidad y ahora son la mejor arma para atender la desgracia.

Por eso no es extraño ver videos en que la gente a ras de suelo —comerciantes, amas de casa, albañiles, carpinteros, electricistas y demás— trabajan sin la necesidad del gobierno para la reapertura de caminos. Su organización es natural, es comunitaria. Es decir, la evidencia de que el tejido social sigue afianzado en las prácticas más antiguas de apoyo mutuo.

Esa es la otra Puebla, la que siempre ha estado y estará a pesar de la fortuna o la tragedia.

Los trabajos de limpieza, rescate de muebles, del poco patrimonio que quedan en pie será acompañado con apoyo vía empleo temporal. Como segunda etapa, vendrá el censo y la reconstrucción. Apoyos en cascada por cada necesidad y circunstancia.

Los afectados tampoco necesitan un Museo Barroco o un CIS, sino a un vicealmirante al frente de los trabajos de apoyo, con la solvencia y la experiencia a prueba de fuego para la atención de este tipo de emergencias.

Los afectados no necesitan, incluso, un presidente neoliberal como Zedillo —cuyas gracejadas lo llevaron a decirle a bolero que le lustró los zapatos que no llevaba “cash” y que es señalado por crímenes de lesa humanidad como la matanza de Acteal—. Están en busca de una mujer que los entienda en su desgracia y que no los desampare. La misma que estuvo allí con ellos en el grado de compasión que se necesita en tiempos ingratos llenos de sal.

Y mientras la tragedia huele a lodo de muerte y llanto, en las redes sociales, desde el anonimato, desde la comodidad del sofá del multimillonario, del crítico de Starbucks, decenas de cuentas lanzan vileza tras vileza para culpar a la Federación y el gobierno del estado de todo.

Solo les falta que los responsabilicen de que haya llovido.

Por eso, la mejor arma para tiempos complejos y sumidos en la tragedia es el pico y la pala, acompañados por una autoridad que coordina y que no pide gel antibacterial para usarlo después de saludar a la gente.

Los tiempos han cambiado y todo indica que muchos desean que el aséptico Moreno Valle o los indolentes neoliberales los sigan gobernando.

 

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