Por última vez como arzobispo de Puebla, monseñor Víctor Sánchez Espinosa presidió la emotiva misa del Jueves Santo en la Catedral, ceremonia cargada de simbolismo, fe y nostalgia, que marcó también su despedida tras años al frente de la Arquidiócesis.
La solemnidad envolvía cada rincón del templo. En las primeras bancas, 12 adultos mayores del Asilo de Santa Inés esperaban con serenidad y recogimiento el momento en que sus pies serían lavados, como símbolo de humildad y servicio.
Este año, debido a su recuperación tras dos cirugías de rodilla, monseñor no pudo encabezar el acto personalmente, como solía hacerlo.

En su lugar, los obispos auxiliares Francisco Javier Martínez Castillo y Tomás López Durán asumieron ese gesto profundamente espiritual.
Desde el altar mayor, monseñor observaba con atención el rito que tantas veces había encabezado. Antes, dirigió un mensaje a los fieles invitándolos a vivir la Semana Santa en calma, en oración y reflexión.
«La iglesia nos recomienda vivir santamente estos días, aún los que están en descanso», expresó con voz pausada.
Los padrinos de los ancianos ayudaban a voltear las sillas donde estaban sentados para que los asistentes pudieran ser testigos de aquel acto sagrado que recuerda el gesto de humildad de Jesús con sus discípulos durante la Última Cena.
Entre los participantes estaba Francisco Benítez, quien, conmovido, habló sobre el sentido profundo de esta tradición:
“Al revivir estas manifestaciones que se hacen en la iglesia, nos acercamos a la vida que hemos perdido en valores y principios. El lavatorio de pies nos recuerda que hay un Dios que nos ama. Tal vez han pasado 2 mil años desde la historia de Cristo, pero sigue viva, si la llevamos a la práctica”.
Benítez ha participado ya en tres ocasiones en esta ceremonia. Pide a la sociedad regresar a la fe:
“Invoco a los ciudadanos a leer la Biblia, rezar el Rosario, a volver a la vida espiritual. Si no seguimos el camino que Cristo nos puso, vamos a andar perdidos como ahora, con tanta violencia”.
A unos pasos de él estaba don Luis Mota, de 85 años, quien vive en el asilo desde hace siete.
“Es algo que uno debe reflexionar mucho, porque es la palabra de Dios. A veces uno siente que no lo merece, pero ahí está uno, cerca de Él. Es una cosa que se siente”, dijo con los ojos brillosos.
Don Luis asiste desde hace siete años al lavatorio de pies, y solo interrumpió su participación durante la pandemia.
“El arzobispo nos pide que vengamos, y lo hacemos con gusto. Llegué al asilo por la edad. La familia es bonita, pero también hay que darles espacio. Es por paz y tranquilidad para todos”.
A la ceremonia también acudió el gobernador Alejandro Armenta Mier, acompañado de su esposa, Cecilia Arellano, y funcionarias del gabinete como Ana Laura Altamirano (Desarrollo Rural), Yadira Lira (Turismo) y Alejandra Pacheco (Cultura), quienes también fueron parte de la celebración religiosa.
#Sucesos 🙋♂️ || El gobernador @armentapuebla_, acompañado de su esposa Cecilia Arellano, asiste a la misa de Jueves Santo en la Catedral Angelopolitana, donde se lleva a cabo el tradicional lavatorio de pies.
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— Sucesos Puebla (@sucesospuebla) April 17, 2025
El arzobispo Sánchez Espinosa se despedirá formalmente de la Arquidiócesis el próximo 21 de mayo, tras cumplir los 75 años, tal como establece el canon 401 del Código de Derecho Canónico, que obliga a los prelados a presentar su renuncia ante el Vaticano al alcanzar esa edad.

La jornada continuará este Viernes Santo con el viacrucis en el atrio de la Catedral a las 10:00 horas, seguido de la tradicional Procesión del Silencio a las 12:00 del día, donde figuras religiosas como el Señor de las Maravillas, el Niño Doctor de Tepeaca y la Virgen de Dolores serán acompañadas por cientos de fieles en un recorrido por las calles del Centro Histórico.
Así, entre el recogimiento, la fe y la memoria viva de tradiciones que resisten al tiempo, Puebla despidió al arzobispo que por años ha guiado a su grey, en una ceremonia donde el gesto de lavar los pies volvió a recordar que la verdadera grandeza está en el servicio y la humildad.
