Desde varios años, al interior del partido Movimiento Ciudadano inició el revelo generacional de su dirigencia, el cual se ha decantado a favor de la dupla conformada por el actual coordinador nacional, Jorge Álvarez Máynez, y el gobernador de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda.
En este proceso de cambios, los principales damnificados han sido Dante Delgado Rannauro y el exgobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez. El primero, afectado por una enfermedad, se encuentra muy lejos del activismo político, aunque realmente había perdido el control del partido desde hace un lustro aproximadamente.
El segundo decidió poner tierra de por medio y se trasladó al país preferido por todos aquellos políticos en desgracia: España. Desde allá, el jalisciense observa preocupado hasta dónde puede alcanzarlo la guerra iniciada por Donald Trump contra los cárteles mexicanos.
No pretendo sugerir que el exmandatario tenga algún vínculo con el crimen organizado, pero fue en su entidad y periodo de gobierno cuando el Cartel Jalisco Nueva Generación prácticamente tomó el control total de Jalisco y desde ahí expandió su poderío.
En la nueva ecuación del poder, Alfaro es el idóneo para fungir como chivo expiatorio ante la demanda de los estadounidenses de que el gobierno mexicano entregue la cabeza de un político de peso. ¿El argumento? Su omisión para combatir al narcotráfico ligado con el fentanilo.
Como era de esperarse, todos estos cambios en Movimiento Ciudadano también han tenido su impacto en Puebla. Y es justo ahí donde la actual dirigente estatal Fedrha Isabel Suriano Corrales se encuentra en la cuerda floja.
La dirigente, como su antecesor, son los últimos resquicios de Dante Delgado en MC y más allá de verlos como aliados por la actual Coordinación Nacional, representan una muestra de lo que el partido naranja ya no quiere tener en sus filas.
Me explico.
A la coordinación nacional de MC han llegado reportes preocupantes sobre la forma en que Suriano Corrales y Morales Martínez se desempeñaron en el cobijo y designación de la familia González Vieyra como candidatos a alcaldes en Ciudad Serdán, San Nicolás Buenos Aires y Tlachichuca.
La detención —el pasado 8 de marzo— de los ediles de Uruviel y Giovanni, así como de su padre Ramiro, acusados por los delitos de extorsión y secuestro, fue un escándalo nacional que prendió los focos rojos en la dirigencia nacional de MC.
Lo peor vino cuando Fedrha Suriano decidió deslindarse de sus antiguos aliados, impulsados por su antecesor y protector político Fernando Martínez Morales. Esa acción enfureció a los caciques, quienes mandaron a sus huestes a bloquear vialidades y los principales accesos del Congreso del estado.
Con este escándalo a cuestas, la dirigente estatal de MC fue a fondo en el peor paso de su carrera política al mantener su alianza con el presunto capo huachicolero Juan Lira Maldonado para que, a cambio de recoger la votación del fallido abanderado de Fuerza por México, integrara a sus esbirros en la planilla de regidores del partido naranja en Chignahuapan en la elección extraordinaria, celebrada el pasado 24 de marzo.
Lo peor es que el movimiento político no funcionó. El candidato de Morena Juan Rivera Trejo se alzó con la victoria y derrotó a la emecista Yasmín Medina Carrasco.
Esa jugada provocó la pérdida total de la legitimidad de Fedrha Suriano por partida doble. En la entidad todos quedaron decepcionados por la costosa apuesta de vincular al partido con el crimen organizado; mientras que, a nivel nacional, la dirigencia tomó nota de dos escándalos y descalabros en un solo mes.
Esta situación llevó a Álvarez Máynez a una postura de incomodidad y analizar seriamente la posibilidad intervenir en Puebla con la finalidad de evitar un daño mayor.
Pero un grupo de militantes locales se adelantó a su dirigente nacional y desde hace varias semanas comenzaron un movimiento con la finalidad de cambiar las cosas.
La estrategia de este grupo resulta interesante debido a que pretende iniciar por corregir uno de los principales problemas que enfrenta el partido naranja: su bajo número de militantes. Sabedores de que sin afiliados seguirán siendo un instituto testimonial, se han dado a la tarea de convocar a priistas, panistas y perredistas marginados desde hace mucho por sus propias dirigencias y líderes, a fin de que se aglutinen en una sola fuerza.
Eso les permitiría tener el respaldo necesario para luchar al interior del partido por la dirigencia estatal en el momento en que Máynez y el grupo de Samuel García decidan meterse a fondo en la reingeniería del partido.
Así pues, no se trata solo de un movimiento político interno sino de una auténtica rebelión contra la dirigencia estatal y todo con miras a 2027.
Los tiempos llegaron y todo indica que Fedrha Suriano ha sido la autora de su casi inminente caída.
Al tiempo.
