El resultado de la investigación elaborada por la Auditoría Superior del Estado (ASE) a los ejercicios fiscales 2022 y 2023 del Ayuntamiento de San Andrés Cholula, confirmó las sospechas sobre la patética gestión de Edmundo Tlatehui Percino: fue un cochinero de cabo a rabo.
Vea usted si no.
Antes de ser alcalde, Edmundo Tlatehui era un funcionario de medio pelo que arrastraba fuertes sospechas de corrupción.
En 2018 intentó ganar la presidencia municipal cholulteca, pero fue masacrado por la ola lopezobradorista y una extraordinaria candidata: Karina Pérez Popoca, que a la vez se convirtió en una de las mejores alcaldesas de ese lugar.
Por desgracia, los errores de Morena a nivel nacional y la radicalización del discurso de Andrés Manuel López Obrador contra la clase media propició que, en 2021, la zona metropolitana se pintara de azul.
En el caso de Tlatehui Percino, se sumó otra circunstancia: su triunfo realmente se lo debió a Aurora Sierra Rodríguez, la abanderada a diputada local ciudadana, aunque siglada por el PAN, que se convirtió en un verdadero fenómeno electoral y permitió que ese partido recuperara uno de sus viejos bastiones.
(Otra historia que se cruzó en esa época fue el veto que sufrió a su candidatura por parte de casi todo el panismo local. Solo una persona intercedió por él y acudió directamente a negociar al CEN del PAN, y tejió todo a su favor. Pero una vez que llegó al poder, lo desconoció y ni las llamadas le quería tomar).
Una vez sentado en la silla del Ayuntamiento de San Andrés, Tlatehui tuvo a su disposición en sus dos primeros años un presupuesto de mil 827.9 millones de pesos.
La ASE, al elaborar la auditoría a los dos años fiscales, determinó un universo auditable de recursos por 761.8 millones de pesos, el 41 por ciento de los ingresos totales.
Lo que halló el organismo fue realmente escandaloso: entre sospechas de quebranto patrimonial y dinero por aclarar, el monto ascendió a 596.5 millones de pesos.
Eso significa que el 78.3 por ciento de la muestra auditable presentó anomalías de diversa índole.
Lo peor es que ese monto representa el 32 por ciento de todos los recursos que pasaron por las manos del ex edil panista.
Pero aquí viene lo interesante.
Con todo este caudal de irregularidades detectadas: ¿a poco la entrega-recepción, es decir, la condición en que Guadalupe Cuautle Torres recibió el Ayuntamiento, fue tan impecable que no ameritó ninguna observación grave contra el antecesor?
¿Si hubo observaciones graves, por qué nunca se dieron a conocer públicamente? ¿Dónde quedó el discurso de la transparencia y hasta la creación de la patética mesa municipal sobre el tema?
¿De verdad Lupe Cuautle no encontró ninguna irregularidad pese a que la ASE destapó tiempo después el verdadero cochinero que dejó el exmunícipe?
¿El hecho de que sea el marido de la actual presidenta municipal le garantiza a Tlatehui tener patente de corso contra cualquier investigación?
¿Ahora que se conoce el cochinero que dejó el aspirante a la diputación federal para 2027, la actual gestión lo ayudará a cuadrar su cuenta pública?
