El presidente Donald Trump ordenó imponer un arancel del 100 por ciento a todas las películas producidas fuera de Estados Unidos. Justificó la decisión como un intento de rescatar a la industria cinematográfica local, afectada por lo que calificó como competencia desleal.
Trump aseguró que otros países ofrecen estímulos para atraer rodajes, lo que ha deteriorado a zonas clave como Hollywood. Consideró que el fenómeno tiene un impacto propagandístico y representa una amenaza para la seguridad nacional.
El anuncio lo hizo a través de Truth Social, donde también instó a revitalizar el cine producido en territorio estadounidense. Ordenó al Departamento de Comercio, a cargo de Howard Lutnick, y a la Oficina del Representante Comercial, liderada por Jamieson Greer, a iniciar de inmediato el proceso.
Sin embargo, no se han ofrecido detalles sobre cómo funcionará el nuevo impuesto ni qué tipo de producciones quedarán incluidas. La industria de cine y televisión permanece a la espera de más información.
En los últimos años, Estados Unidos ha perdido parte de su liderazgo en producción cinematográfica. Ciudades como Toronto, Melbourne o Londres han incrementado su protagonismo gracias a ventajas económicas. Según FilmLA, la actividad cayó cerca de 40 por ciento en Los Ángeles durante una década.
La decisión provocó inquietud entre aliados comerciales. Autoridades de Reino Unido y Nueva Zelanda cuestionaron el impacto de la medida en sus industrias. En Estados Unidos, creativos como el director Steven DeKnight sugirieron que se deberían fomentar incentivos, no barreras.
Trump ha impulsado políticas similares en otros sectores desde su primera presidencia, como aranceles a materias primas o a vehículos extranjeros. La nueva acción refuerza su discurso de protección de empleos y empresas locales ante la globalización.
