Hoy: abril 5, 2026
septiembre 30, 2025
4 mins read

Operación BUAP: la clave es la gobernabilidad

Estar al frente de una universidad que provocó directa o indirectamente la caída de dos gobernadores en Puebla, no es tarea fácil.

Requiere una profunda sensibilidad social y política, además del entendimiento de que desde allí se construye uno de los pilares más importantes de la gobernabilidad en la entidad.

Tener claridad de los retos, demandas y aspiraciones de los integrantes de la comunidad universitaria es otro de los requisitos fundamentales si se quiere transitar sin morir en el intento.

Hace cuatro años, la científica Lilia Cedillo Ramírez emergió como una bocanada de aire fresco en la BUAP frente a los años de uso político-electoral de la institución y confrontaciones con el gobierno estatal por parte de los diferentes rectores.

La comunidad universitaria, la clase política y la entidad poblana estaban cansados de ver cómo el amplio prestigio de la institución estaba a punto de irse a pique por ese modelo que hizo crisis con Alfonso Esparza Ortiz.

Era evidente que se requería de un golpe de timón, un viraje de 180 grados que llevara a la BUAP a su origen: la academia, la investigación, la extensión universitaria, la transmisión del conocimiento y la preparación del ejército de profesionistas para detonar el crecimiento y desarrollo de la entidad.

La ruta estaba trazada. Lilia Cedillo borró en las urnas a las rémoras universitarias e inyectó una profunda esperanza de un cambio necesario.

Todo caminó perfectamente hasta que un grupo de avariciosos pretendió desbarrancar la gestión de la integrante del Sistema Nacional de investigadores.

El paro estudiantil del año pasado fue un movimiento creado exprofeso con un fin político de desestabilización, a manos de grupos como Antorcha Campesina e incondicionales del exrector Alfonso Esparza, todos ellos investigados por peculado y una serie de bribonadas cometidas en contra la institución.

Fue la forma más primitiva para recuperar el poder. Y si bien, en un principio parecía que el movimiento de desestabilización ganaría la partida, los instigadores perdieron de vista una cosa: la naturaleza de la BUAP es el diálogo.

Esa fue la principal arma que sofocó la rebelión.

El paro universitario, más allá de lo que se diga, fue una extraordinaria oportunidad para que la rectora Lilia Cedillo hiciera lo que mejor sabe hacer: entender a la comunidad universitaria y actuar en consecuencia.

Fue así que se rodeó de un equipo multifactorial que apostó por entender quién o quiénes conformaban el movimiento inconforme, principalmente en el sector estudiantil de la BUAP.

No fue una tarea sencilla, ya que obligó a toda la estructura de gobierno de la máxima casa de estudios poblana a reconocer que estaban frente a una nueva generación alejada a la praxis tradicional de la protesta e incluso del poder.

En esta coyuntura, uno de los hombres que formó parte de ese equipo multifactorial fue Damián Hernández, un universitario forjado en el arduo camino de la política de la BUAP y uno de los pocos que entienden a profundidad dónde se encuentran los resortes que sostienen la gobernabilidad de la universidad.

El éxito alcanzado por la rectora estuvo basado justamente en su inteligencia y sensibilidad de allegarse de los mejores hombres y las mejores mujeres de la casa de estudios para crear un frente común, cuyo punto de unidad era anteponer los intereses de la universidad a los personales.

Todos ellos partieron de la mejor manera: analizar el conflicto con la racionalidad y sensibilidad que demandaba.

Sin duda, el paro universitario sacó a relucir una serie de conflictos al interior de las unidades académicas que poco habían sido atendidos por los directores o incluso ellos eran los responsables de la inconformidad.

La radiografía elaborada en su momento permitió entender que la BUAP enfrentaba retos que no era imposibles de solventar, pero la condición sine qua non para lograrlo era identificar justamente la profundidad y esencia de las demandas.

Ese panorama, pese a los esfuerzos realizados, terminó por extenderse a la elección de la rectoría.

Lilia Cedillo logró echarse a la bolsa el amplio respaldo de la estructura docente, administrativa y de investigadores de la BUAP. El negrito en el arroz estuvo en el sector estudiantil. La partición del voto en tres partes terminó por confirmarlo.

Así pues, el resultado de la elección sirvió para que la rectora hiciera un amplio análisis del mensaje que los universitarios mandaron en las urnas.

La conclusión, por lo que se ha visto hasta el momento, sigue siendo la misma: el reto se encuentra en crear las condiciones suficientes y necesarias para ahondar en el diálogo, escuchar las demandas de los diferentes sectores, aplicar el oficio político para incorporarlos a la toma de decisiones y así construir una gobernabilidad a prueba de fuego.

Por eso no es extraño que entre las primeras decisiones de Lilia Cedillo —que está a punto de iniciar su segundo periodo al frente de la rectoría— sea la apuesta por ampliar con otros actores su principal círculo de colaboradores.

La rectora sencillamente está en el entendido que, una vez más, requiere de la suma de las mejores mujeres y los mejores hombres de la casa de estudios para construir hacia adelante.

Incorporar a Damián Hernández no es fortuito. Su perfil es clave en este momento: Político universitario con experiencia, amplio conocimiento de los grupos al interior de la casa de estudios y sensibilidad —probada a fuego— para negociar, dialogar y consensuar.

La secretaría general es el punto crítico para la construcción de la gobernabilidad de la BUAP. Por allí no solo pasa la operación y orientación del Consejo Universitario sino también la vida de las unidades académicas, con toda la complejidad que eso significa.

Lilia Cedillo y Damián Hernández comparten un punto fundamental: su institucionalidad y profundo amor a la BUAP. Ambos viven con el mantra de la casa de estudios es más grande que cualquier aspiración o interés personal. Que allí se construye una de las más importantes vías para impulsar el estado de Puebla.

Hernández Méndez ya probó su valía y lealtad hacia la rectora y a la BUAP durante el paro universitario. Ahora le toca sumar su experiencia para construir la segunda parte de la gestión de Lilia Cedillo.

Tampoco es circunstancial, a la luz del mensaje enviado por los universitarios en las urnas, la reforma que dio vida a la Coordinación General de Participación y Desarrollo Estudiantil.

Ambos movimientos son la prueba inequívoca de que la rectora entiende y es sensible a la nueva realidad de la casa de estudios.

Es más, quiere que el mensaje sea lo más claro posible al interior de la universidad y hacia afuera de la misma.
Lilia Cedillo ha puesto en marcha la Operación BUAP, cuya clave es la gobernabilidad.

Nuevos y refrescantes tiempos soplan una vez más en la BUAP.

Enhorabuena.

 

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

Riesgos en el turismo médico

Next Story

Garantizar los derechos de la población, compromiso de los tres poderes: Alejandro Armenta

Latest from Blog

Go toTop