Dormir mal crónicamente está vinculado con varias enfermedades, no obstante, hay muchas que subestimamos y normalizamos, como la apnea del sueño. “Roncar nunca será sinónimo de sueño profundo, aunque así lo asociemos, todo lo contrario.
Alguien que ronca y tiene pausas respiratorias está enfrentando un trastorno respiratorio en el sueño y lo pone en 400% más riesgo de sufrir un infarto”, refiere el somnólogo.
De cada 10 hipertensos, entre 4 y 7, se lo deben a un problema respiratorio durante el dormir, agrega. Un desfase en el sueño, así como en el horario en que debemos dormir y al que estamos programados genéticamente, añade, modifica el riesgo cardiovascular y metabólico de las personas.
Estudios recientes refieren que esto provoca un desfase en el control de la glucosa a nivel central y periférico. “Ahora, la literatura internacional está llena de evidencias que apuntan a que es un desastre: si modificas horario del dormir generará un terrible descontrol y puede predisponerte a enfermedades que son un problema de salud pública en el país: obesidad, diabetes e hipertensión, con consecuencias catastróficas y que, con eventualidades como la pandemia, vulneran más a quienes lo padecieron”.

Tras la pandemia, recuerda, se reconoció que los pacientes con problemas respiratorios al dormir son aquellos que padecían de apnea y corrían un riesgo hasta 300% más alto de ser intubados.
Otro padecimiento que se relaciona con trastornos en el sueño, refiere el académico, es la demencia, que implica el deterioro de la cognición y el cual es un problema más de salud pública entre nuestra población. “¿Qué los llevó ahí? Resulta que no dormir desencadena los efectos fisiopatológicos que impiden, por un lado, el ingreso a etapas específicas del sueño –porque hay un propósito arquitectónico en cada etapa que llega el momento oportuno, la falta de una de éstas tendrá implicaciones inmediatas y a futuro”.
En esa investigación, en la cual participó hace cerca de una década, menciona, fue pionera y descubrió que, al restringir el sueño de movimientos oculares rápidos (REM) –cuando soñamos–, se abre la barrera hematoencefálica, momento en el que pueden entrar o salir sustancias en el sistema nervioso, explica.
Hallazgos recientes, apunta, han demostrado que otras etapas del sueño relacionadas con el sueño profundo –sueño de ondas lentas (NREM)–, donde se sincroniza nuestra actividad eléctrica cerebral, está íntimamente ligado con el sistema de limpieza del cerebro. “Si no entro a esta etapa se acumulan proteínas como las llamadas beta amiloide, lo cual se vincula con trastornos cognitivos mayores, como Alzheimer”.
Problema complejo, pero con solución
El tratamiento de trastornos del sueño es un tema complejo, puesto que existen diversas causas además de la apnea del sueño y los padecimientos respiratorios, también pueden tener un origen social, psicológico, psiquiátrico y neurológico, entre otros. Incluso pueden ser provocados por las llamadas “parasomnias”, comportamientos anormales durante el sueño, que incluye el síndrome de piernas inquietas.
Este tipo de complejidad es la que somnólogos y especialistas pueden abordar desde espacios como la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la UNAM, así como otras adscritas a instituciones de salud, universidades e instituciones privadas.
“Un solo profesional no puede conocer todo lo que hay respecto al dormir porque involucra a diferentes especialidades, por lo que se requiere de una visión multidisciplinaria”. No sólo se trata de un equipo con especialistas en un área, sino de todos abocados al sueño, agrega, puesto que sólo así se podrán detectar el padecimiento entre los muchos problemas en el dormir.
Por ejemplo, existen aquellos que perturban el sueño desde el ámbito anímico o de ansiedad, que pueden tener origen en un trastorno depresivo la mayoría de las veces, pero no siempre.
