La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo; el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo de León; y el primer ministro de Belice, Juan Antonio Briceño, firmaron este 15 de agosto un acuerdo sin precedentes para preservar el corazón verde de Mesoamérica. La iniciativa establece el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, que abarcará 5.7 millones de hectáreas distribuidas en 50 áreas naturales protegidas de los tres países.
El nuevo corredor, que se convierte en el más grande del mundo en su tipo, busca garantizar la conservación de la biodiversidad y la cultura que habitan en la región. Entre los beneficiarios directos se cuentan dos millones de personas que dependen de los ecosistemas para su sustento y cuya identidad está profundamente ligada a este territorio.
En México, el proyecto abarca 12 áreas naturales protegidas; en Guatemala, 27; y en Belice, 11. Estos espacios albergan especies icónicas como el jaguar, la guacamaya roja, el tapir y el quetzal. En total, serán favorecidas unas siete mil especies, incluyendo doscientas en categoría de riesgo, cincuenta prioritarias y doscientas cincuenta endémicas de México.
El acuerdo incluye medidas para compartir información científica, tecnología y capacitación en temas como manejo integrado del fuego, combate a la tala ilegal y estrategias contra la deforestación. Además, se impulsará un modelo de aprovechamiento sustentable de recursos maderables y no maderables, con participación directa de las comunidades locales.
La declaración conjunta también instituye el 15 de agosto como Día de la Gran Selva Maya, y crea el premio “Mérito a la Conservación”, destinado a reconocer a personas que dedican su vida a la preservación de especies y ecosistemas. El documento reconoce explícitamente el papel histórico de las comunidades indígenas mayas y afrodescendientes como guardianas del territorio y promueve su participación en la gestión y el beneficio de los recursos.
El anuncio simboliza una apuesta por la integración regional a través del cuidado ambiental y cultural, en un contexto donde la cooperación internacional se enfrenta a desafíos crecientes. Para las autoridades firmantes, el corredor no solo representa un compromiso ambiental, sino un modelo de desarrollo sostenible que trasciende fronteras.
