En algún momento pensó que Puebla sería su escondite perfecto. Ángel Javier N. El Caiser o El Angelito, sicario y presunto operador de “La Barredora” –brazo armado del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el sureste del país–, dejó atrás las tierras calientes de Tabasco para buscar refugio en la Angelópolis.
Lo hizo justo cuando la administración de Claudia Sheinbaum ordenó un cerco sin precedentes en esa entidad: más de 700 elementos del Ejército y la Guardia Nacional desplegados en menos de dos meses, operativos quirúrgicos, mandos removidos y una política frontal para desmantelar grupos criminales.
La respuesta de El Caiser fue huir, pero en palabras del secretario de Seguridad Pública de Puebla, Francisco Sánchez González, el rastro que dejó era inevitable.
“Cuando las autoridades se enfocan en un estado, ellos buscan escabullirse, dispersarse. No estaba delinquiendo aquí, eso no lo podemos afirmar, pero sí se escondía, esperando que pasaran los operativos allá”, explicó.
La captura ocurrió este martes, tras una operación silenciosa pero precisa sobre el bulevar Municipio Libre, a la altura del parque ecológico Carlos Camacho Espíritu.
Por la tarde-noche de este martes, fue trasladado desde el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán a Villahermosa, donde fue entregado a la Fiscalía de esa entidad y se le inició el proceso para ser presentado ante un Juez de Control.
Las autoridades trabajan ya en la formalización de su vinculación a proceso por su posible relación con crímenes vinculados al narcotráfico y el crimen organizado y avanzan las investigaciones que podrían implicarlo en más hechos violentos.
Terror criminal
Las fiscalías de Tabasco y Puebla, con apoyo federal, ya lo tenían ubicado. Ángel Javier, de apenas 28 años, era buscado por su presunta participación en al menos 10 homicidios cometidos en Villahermosa y sus alrededores.
Aunque joven, su nombre ya era temi
do en las calles de Paraíso, Tabasco, donde, según reportes del Gabinete de Seguridad federal, se dedicaba a cobrar cuotas a punta de pistola a comerciantes de todos los tamaños.
De acuerdo con El Universal, ingresaba a los locales con disparos al aire, obligando a los dueños a pagar derecho de piso, bajo amenaza de represalias mayores.
Su historial lo vincula con múltiples delitos: extorsión, homicidio, robo violento y hasta desapariciones forzadas.
Ángel Javier N. operaba presuntamente bajo las órdenes de Abel Pérez N. El Patrón o El Inge, cabecilla de la “La Barredora” en la costa tabasqueña. También tenía relación con Efraín Darvelio Vargas N. Franchis, señalado como uno de los mayores generadores de violencia en la región.
En febrero de este año, El Caiser fue identificado como responsable de un ataque armado contra el domicilio de un empresario víctima de extorsión y días después apareció una manta en su contra en pleno centro de Paraíso, lo que reflejaba los conflictos internos del crimen organizado.
Apretado por la presión de rivales y autoridades, se escondió en Paraíso y luego en Comalcalco, hasta que la Marina lo ubicó y detuvo en territorio poblano. Hoy enfrenta un amplio expediente por al menos 10 homicidios y otros delitos graves.
A decir del titular de la SSP en Puebla, las células de esta organización en los diferentes estados no operan bajo un solo centro de mando, pero comparten recursos, objetivos y métodos.
En Puebla, dijo, aunque no hay una estructura de «La Barredora» ligada directamente a Tabasco, sí se han identificado similitudes en delitos como el robo de combustible que ambos grupos practican.
La presencia de El Caiser en Puebla no es un caso aislado. Apenas el 17 de julio, cinco presuntos
integrantes más de “La Barredora” fueron detenidos al sur de la ciudad.
Estaban asentados en el fraccionamiento Santa Lucía. Tenían armas largas, drogas, chalecos con el distintivo “Operativa Barredora”. Algunos están vinculados con el atentado con explosivos ocurrido el 30 de junio en Coronango, uno de los episodios más violentos del año en la entidad.
La agresión iba dirigida contra Gustavo González Zapata, alias Sauce, exjefe policial y actual funcionario de la Fiscalía. Aquella noche, un auto con restos humanos y granadas fue abandonado en la vía pública. Cuando los agentes inspeccionaron el vehículo, estallaron los explosivos. Hubo heridos y también un mensaje claro: La Barredora se adjudicó el hecho y desafió públicamente a las autoridades.

