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junio 24, 2025
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El futuro del Yunque burocrático

A casi un año de su estrepitosa derrota en las urnas, el PAN en Puebla enfrenta la más difícil coyuntura de su historia reciente ante el riesgo de una fuga de militantes por la reconfiguración de la oposición en el país a través de la creación de nuevos partidos políticos nacionales y el cierre de espacios para todo lo que apeste a la Organización Nacional del Yunque, principalmente el ala que encabeza Eduardo Rivera Pérez.

Al interior del panismo poblano no sorprende que el exalcalde de Puebla haya comenzado una campaña en redes sociales para limpiar su maltrecha imagen, a raíz de que su grupo político llevó al PAN a un retroceso similar al de finales de la década de los 70 cuando la bancada azul en el Congreso del estado contaba con la misma cantidad de integrantes como la actual LVII legislatura.

La debacle vino acompañada por el hartazgo de la militancia hacia el Yunque y la política sectarista de la anterior dirigencia estatal —que respondía exclusivamente a los intereses del exedil— y las constantes divisiones entre la expresidenta Augusta Valentina Díaz de Rivera Hernández y el exsecretario general, hoy diputado local del PAN, Marcos Castro Martínez.

La gota que derramó el vaso fue la entrega de candidaturas plurinominales a un puñado de panistas, ligados estrechamente a Rivera Pérez o que fungían como sus aliados, como es el caso de Mario Riestra Piña, quien sufrió el completo abandono del exmunícipe en la campaña electoral y tras la estrepitosa derrota fue señalado, en un acto de plena cobardía política, como uno de los responsables de esta situación.

En una anterior entrega le informaba que a raíz de la aprobación de la Ley de Ciberseguridad y el escándalo nacional que produjo, el Yunque burocrático, es decir, el comandado por Eduardo Rivera, vio la oportunidad de subirse a la discusión a fin de presionar para alcanzar algún tipo de salvoconducto que garantice la total impunidad del exedil, una vez que la Auditoría Superior del Estado encontró anomalías por mil 571 millones de pesos en las cuentas públicas 2022 y 2023.

La apuesta de los yunquistas estaría en presionar lo suficiente al interior del PAN para forzar a la dirigencia nacional a que les cedan la mayor cantidad de candidaturas, a fin de enviar al matadero a sus personeros para favorecer a Morena.

Pero existen otras dos opciones: Somos MX y México Republicano, organizaciones que solicitaron su registro como partidos políticos nacionales ante el Instituto Nacional Electoral.

Somos MX está conformado por un grupo variopinto de políticos, académicos y activistas al servicio de Claudio X. González, quienes están volcados en recoger los despojos de la Marea Rosa en todo el país. Las cabezas más visibles son los experredistas Guadalupe Acosta Naranjo y Fernando Belaunzaran, el exsenador Emilio Álvarez Icaza, el exdirector Ejecutivo del INE Edmundo Jacobo, entre otros.

A pesar de su formación radical, Eduardo Rivera mantiene una buena relación con los principales dirigentes de la agrupación y su vínculo se fortalece con el respaldo no oficial ni público que Margarita Zavala Gómez del Campo ha dado a la iniciativa.

De concretarse el registro, el exmunícipe tendría el camino libre a sus aspiraciones en caso de que le cierren las puertas en el PAN. (No sobra recordar que pese a formar parte del Comité Ejecutivo Nacional, Rivera Pérez carece de influencia real en la toma de decisiones, caso contrario al de su adversario Mario Riestra Piña, quien cuenta con el cobijo de Jorge Romero Herrera).

Otra alternativa, pero más complicada, es México Republicano. Esta organización es impulsada por sectores ultraconservadores de la derecha mexicana y tiene entre sus principales exponentes a Marco Antonio Adame Castillo, el jefe político nacional del Yunque.

El año pasado, el exgobernador de Morelos se desempeñó como coordinador de la campaña de Eduardo Rivera y aunque su poder se encuentra en caída permanente —no pudo ni siquiera impulsar la candidatura de su esposa en esa entidad por el PAN— sí cuenta con la capacidad de aglutinar a los sectores más conservadores o duros del panismo.

Sea cual fuera la expresión por la que Eduardo Rivera pretenda jugar, el objetivo es uno: no pisar la cárcel y tener un espacio desde el cual pueda imponer a sus incondicionales.

 

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