¿Pudo el papa Francisco haber sembrado a su sucesor a la vista de todos?
La idea no es disparatada si se pone a la luz de los nuevos hechos.
Antes de morir, Francisco sabía que la Iglesia Católica se enfrentaba a una lucha feroz entre tradicionalistas y progresistas.
El mismo papa Bergoglio fue presa de esa lucha.
Hasta el martes pasado, cuando inició el cónclave, Robert Francis Prevots Martínez no estaba siquiera considerado entre los favoritos en la sucesión papal.
Las casas de apuestas tampoco se dieron el lujo de tomarlo en cuenta.
¿Qué ocurrió? Que, ante la radicalización de liberales y conservadores, se convirtió, de manera natural, en una tercera vía dentro del Concilio, un puente entre ambos mundos en pugna.
Pero para que pudiera pisar el Concilio Vaticano, el papa Francisco lo forjó paso a paso. El primero fue en septiembre de 2015 al nombrarlo obispo de Chiclayo, en Perú. Desde ese cargo, tejió alianzas y fue a las comunidades para fortalecer la pastoral social.
Cinco años después, fue ungido —también por instrucción del Papa— como administrador apostólico de la diócesis peruana de Callao.
Luego vendría la clave: el 30 de enero de 2023.
Así lo explica Vaticano News: “El Papa lo llama a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, promoviéndolo a arzobispo. Y en el Consistorio del 30 de septiembre del mismo año lo creó y nombró cardenal, asignándole el diaconado de Santa Mónica”.
El dicasterio es ni más ni menos que uno de los órganos más poderosos de la Iglesia Católica porque ahí es donde se define la designación de nuevos obispos en el mundo. Este roce en todo el planeta le permitió a Prevost ser conocido tal cual: como “un progresista en temas sociales, pero un moderado en temas eclesiásticos”.
Dato adicional: en su papado, Francisco nombró a 108 de los 133 cardenales electores que participaron en el Concilio de esta semana.
¿Coincidencia?
¿Primer pecado?
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Pese a haber nacido en Chicago, el padre Bob —como lo conocían sus amigos antes de ser nombrado el papa 267 en la historia de la Iglesia Católica Apostólica y Romana— dista mucho de ser un cura estadounidense.
Sus padres son migrantes de origen italiano y español.
En Chicago, conoció de primera mano el fenómeno migratorio y seguramente estuvo en contacto con la gran comunidad poblana allí asentada.
Los especialistas sostienen que el corazón de Robert Francis Prevots Martínez está en América Latina, con los migrantes y la pastoral social, más que en Estados Unidos.
¿Puede decirse que realmente se rompió la regla no escrita de que un cardenal estadounidense no puede ser papa? La realidad dista mucho de eso, aunque algunos lo aseguren vehementemente.
Lo que sí esperan los vaticanólogos es que León XIV tenga “una política de conciliación” con la Conferencia Episcopal de Estados Unidos –una de las más conservadoras y retrógradas del mundo–, pero su creencia en la pastoral social lo lleve a tener un choque de trenes con el presidente Donald Trump.
¿El pecado de no ser estadounidense de cepa?
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Si alguien definió excepcionalmente a León XIV, fue la investigadora de la Ibero Ciudad de México, María Luisa Aspe Armella.
Matemático.
Canonista.
Trayectoria de pastoral social con los pobres.
Agustino, una orden religiosa que busca la verdad a través de la educación y a través de la unión.
Políglota.
Profundo conocedor de América Latina.
Visionario en cuanto a los principales retos que enfrenta la Iglesia en la actualidad.
“Es considerado como un progresista en temas sociales, pero un moderado en temas eclesiásticos… será un puente… es un religioso como lo fue Francisco”.
El pecado de tener un currículum envidiable.
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¿Puede acusarse a León XIV de proteger a un sacerdote agustino acusado de violar a dos mujeres peruanas?
Perfil sobre Robert Francis Prevots Martínez, escrito por Genevieve Glatsky, en el New York Times:
“Aunque es elogiado en Perú por apoyar a los inmigrantes venezolanos y visitar comunidades lejanas, el cardenal ha recibido críticas por su trato con sacerdotes acusados de abuso sexual.
“Una mujer de Chiclayo que dijo que ella y otras dos mujeres fueron abusadas sexualmente por dos sacerdotes cuando eran niñas, mucho antes de que el cardenal Prevost fuera obispo, lo acusó de manejar mal una investigación y de no impedir que uno de los sacerdotes celebrara la misa.
“La diócesis de Chiclayo informó que el cardenal Prevost abrió una investigación que el Vaticano cerró. Tras la llegada de un nuevo obispo, la investigación se reabrió.
“Partidarios del cardenal Prevost afirman que es blanco de una campaña de desprestigio por parte de miembros de un movimiento católico con sede en Perú que Francisco disolvió”.
¿Cuál es ese grupo que Francisco disolvió? El Sodalicio de Vida Cristiana, una de las organizaciones más siniestras, conformada por sacerdotes y laicos y fundada en los años 70 en Lima, Perú, pero tres décadas después enfrentaron una serie de denuncias por abusos sexuales, físicos y psicológicos contra menores de edad, cometidos por sus integrantes, entre ellos su fundador Luis Fernando Figari.
La avalancha de denuncias fue sorprendente, a tal modo, que generó una indignación mundial.
Francisco decidió suspender a la organización este mismo año, lo que provocó la ira de los sectores más conservadores del país andino y disparó los resortes de la curia conservadora que pretende acallar todo indicio de abuso a manos de clérigos.
Pero ese no es el único escándalo que involucra a León XIV.
La cadena CNN en Español reveló que seis semanas antes del cónclave, la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes presentó una queja contra el hoy papa por “gestionar mal dos situaciones, en Chicago en 2000, y en Perú en 2022, que involucraron a sacerdotes acusados de abuso sexual”.
En la misma información, la televisora reproduce el análisis del sociólogo Rodolfo Soriano Núñez, especialista en temas de abuso sexual clerical, quien afirmó que “Prevost fue uno de los pocos obispos en Perú que intentó seriamente abordar el abuso sexual por parte de sacerdotes, estableciendo una comisión para lidiar con tales casos”.
La nota añade: “‘Creo que Prevost fue el mejor obispo en Perú al tratar los casos de abuso en su diócesis. Y hubo muchos casos’, dijo Soriano Núñez. ‘Él trató el tema hasta donde pudo’. A diferencia de algunos de sus contrapartes en otras partes de Perú y el resto de América Latina, dijo, Prevost no estaba ‘persiguiendo a las víctimas ni manipulando a las víctimas ni haciéndose el tonto’”.
¿El pecado de ser atacado o el pecado de proteger?
