Donald Trump no solo ha emergido como un influyente comerciante de criptomonedas, sino que también se ha consolidado como una de las figuras más poderosas en la definición de políticas para el sector. En lo que va de su segundo mandato, el presidente ha tomado decisiones que han favorecido directamente a la industria —y en particular, a su propia empresa—, a pesar de haber calificado durante años a las criptomonedas como herramientas para narcotraficantes y estafadores.
Su administración ha sido poblada de aliados de la causa cripto, incluido el nombramiento de un exasesor vinculado a actores del sector como presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC). A esto se suma la reciente disolución, por parte del Departamento de Justicia, del grupo de trabajo sobre delitos financieros relacionados con criptomonedas, marcando un giro respecto al enfoque más regulador de la era Biden.
Una investigación de The New York Times revela cómo World Liberty —una empresa de criptomonedas vinculada a Trump— pasó de ser una startup emergente a convertirse en una potencia internacional, impulsada por decisiones oficiales que han despertado serias preocupaciones sobre posibles conflictos de interés.
Entre los casos más notorios, destaca el anuncio presidencial de la creación de una reserva federal de criptomonedas que incluye una moneda digital respaldada por World Liberty. La noticia provocó un alza inmediata en el valor de las inversiones de la compañía.
La empresa también ha vendido su criptomoneda a inversores extranjeros, incluyendo clientes en Israel y Hong Kong, lo que podría abrir una nueva vía para que intereses foráneos busquen ganarse el favor del presidente.
Algunos de los inversores tienen historiales cuestionables: entre ellos, un ejecutivo cuyo caso de fraude fue suspendido tras inyectar millones de dólares en World Liberty. Otros socios aún no identificados públicamente planean expansiones que necesitarán la aprobación de la administración.
Además, World Liberty habría buscado acuerdos de intercambio de criptomonedas con al menos cinco startups, usando frecuentemente el nombre de Trump para exigir pagos elevados. Incluso dentro de una industria conocida por prácticas dudosas, estos tratos generaron preocupación entre ejecutivos experimentados.
