Durante la Guerra Fría, el mundo vivió bajo la amenaza constante de una confrontación nuclear total entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Esa tensión estuvo marcada por un concepto estratégico conocido como destrucción mutua asegurada (Mutual Assured Destruction, o MAD), una doctrina según la cual cualquier agresión nuclear entre potencias con capacidad de respuesta inmediata resultaría en el aniquilamiento total de ambos bandos.
Hoy, con nuevas tensiones globales y más actores en juego, el concepto resurge como una advertencia inquietante ante la posibilidad de una proliferación nuclear descontrolada.
El equilibrio del terror
La lógica de MAD se sostiene en varios pilares: si un país lanza un ataque nuclear, el otro debe ser capaz de responder con igual o mayor fuerza, incluso después de haber sido atacado. Esto es lo que se conoce como capacidad de segundo golpe, que asegura que ninguna de las partes vea algún beneficio en ser la primera en disparar.
Esta estrategia no pretende ganar guerras, sino evitarlas: el miedo a la destrucción total sirve como freno. No hay ganadores en un conflicto nuclear. Las consecuencias van desde pérdidas humanas masivas hasta el colapso ambiental y la posible extinción de la vida tal como la conocemos.
Del pasado al presente
Durante décadas, MAD funcionó como una especie de pacto tácito entre superpotencias. Pero el panorama actual es más complejo. Potencias como China, India, Pakistán y posiblemente Corea del Norte se han sumado al club nuclear. Y el caso de Irán genera una creciente preocupación internacional.
“El problema es que ya no estamos ante dos potencias racionales con líneas de comunicación establecidas, sino ante múltiples actores, algunos impredecibles o no estatales”, advierte el politólogo Graham Allison, conocido por su trabajo sobre la “trampa de Tucídides”, en entrevista con Foreign Affairs.
Irán y el nuevo equilibrio
Irán no posee oficialmente armas nucleares, pero su avance tecnológico y su retórica desafiante han llevado a temer que esté cerca del umbral nuclear. La experta en seguridad nuclear Sharon Squassoni, exfuncionaria del Departamento de Estado de EE. UU., sostiene que “permitir que Irán se acerque al umbral nuclear no solo provocaría una carrera armamentista en Medio Oriente, sino que pondría a prueba los límites de la disuasión tradicional”.
Además, advierte que MAD funcionó entre actores estatales con estructuras estables, pero “no necesariamente aplica en contextos donde intervienen grupos como Hezbolá, que no están sujetos a la lógica clásica de disuasión”.
El académico iraní Trita Parsi, fundador del Quincy Institute, aporta otro matiz: “El concepto de destrucción mutua asegurada no evita necesariamente los conflictos, pero sí cambia su naturaleza: se vuelven más indirectos, más prolongados y se libran a través de terceros, como vemos hoy en Líbano, Siria o Yemen”.
Una cuenta regresiva
El temor de que más países adquieran armamento nuclear no radica solo en la capacidad de destrucción, sino en la dificultad de controlar una red creciente de actores con diferentes niveles de racionalidad, alianzas y objetivos.
Por ello, la comunidad internacional insiste en contener cualquier nuevo acceso al arsenal nuclear. Como resume el analista militar Joseph Cirincione: “MAD funcionó cuando había dos, tal vez tres botones nucleares. Cuando hay seis o siete, el riesgo deja de ser hipotético y se convierte en una cuenta regresiva”.
En un mundo cada vez más multipolar, el fantasma de la destrucción mutua no ha desaparecido. Solo ha cambiado de rostro. Y su amenaza, aunque más difusa, sigue tan viva como en los peores días de la Guerra Fría.
